La palabra del hombre, honradamente 
pronunciada, es hermosa, aunque oscura,
es clara, aunque aprisione
el terror venidero.
Hagamos entre todos la palabra
grácil y fugitiva que salve el desconsuelo.
...Como burbuja leve la palabra
se alza en la noche, y permanece
cual una estrella fija entre las sombras
C. Bousoño
Podemos vivir sin alimentarnos durante unos días, sin agua también, pero quién resiste sin aire más de unos pocos minutos, nadie que yo sepa. Parece que el aire es el elemento más esencialmente vital para nuestra existencia y cómo reaccionamos frente a ello, ensuciándolo, contaminándolo, llenándolo de sustancias químicas que actúan como veneno a corto o largo plazo.
Esto ya lo sabemos, todos, no digo nada nuevo, pero parece vitalmente imprescindible que se repita hasta la náusea... ¿qué le estamos haciendo al aire y con ello al planeta entero? ¿qué nos lleva a cavar nuestra tumba como especie y a pesar de las alarmantes señales seguir estúpidamente con nuestros hábitos de vida perniciosos sin prestarnos al sacrificio. Sacrificio de lo actos despilfarradores, una entrega de las rutinas de consumo que llenan de objetos la vida en la misma medida que la vacían de espíritu.
Atados al pié de la letra a un proyecto de vida que se reduce a conseguir más y mejores objetos materiales en una ciega carrera, una permanente huida hacia adelante. Veamos si no las constantes incitaciones al futuro, “piensa en el futuro, prepárate para el futuro, ahorra para el futuro, persigue un futuro mejor, la ciencia del futuro, la sociedad del futuro, los planes de ahorro y de jubilación” .
Vivimos por y para el futuro mientras que el precioso presente se nos escapa, se escurre de unas manos vacilantes que ya perdieron la habilidad de asir, de agarrarse a la suprema vivencia de un presente que lo contiene todo y que solo reclama de nuestra entrega, sensibilidad y atención para saborearlo.
El aire poluto que se enseñorea de nuestras ciudades y envenena nuestros pulmones es una imagen de una vida sin aliento divino. Estamos asfixiados por un orden social contaminado hasta la médula de ideas ilusas y contrarias a la vida.
Dice David Abram:
“Qué misterio es el aire, qué enigma para los sentidos humanos! Por un lado, el aire es la presencia más ubicua que puedo nombrar, que me envuelve y me abraza y me cuida tanto dentro de mi como fuera, que se mueve en ondas a lo largo de mi piel, que fluye entre mis dedos, haciendo espirales alrededor de mis brazos y caderas, … que se desliza incesantemente a través de mi garganta, tráquea para llenar los pulmones, alimentar mi sangre, mi corazón, mi yo. No puedo actuar, no puedo hablar, no puedo pensar un simple pensamiento sin la participación de este fluído elemento. Estoy inmerso en sus profundidades tan certeramente como un pez está inmerso en el mar…
Y sin embargo el aire, por otro lado, es la ausencia más evidente para este mismo cuerpo. Pues es ultimadamente invisible. Sé muy bien que hay algo allí –puedo sentirlo moviéndose contra mi cara, puedo saborearlo y olerlo, puedo incluso escucharlo como susurra en mis oídos y aún así no puedo verlo… y este enigma invisible es el misterio esencial que permite a la vida vivir. 1
Nada es más común en las culturas antiguas que el reconocer que el aire, el viento y el aliento son diversos aspectos de un poder sacro, arquetipo de lo inefable, incognoscible y a su vez real y poderoso medio esencial en el que las fuerzas naturales actúan y viven. Por eso al transformar el aire a través de la canción, se puede afectar e influenciar la actividad de los grandes poderes naturales.
Los navajo identifican el aire con la conciencia, en occidente con la ayuda de la etimología descubrimos que el término psique – con sus derivaciones modernas psicología, psiquiatría, psicoterapia, etc. – deriva de la palabra griega psyche que significaba no meramente el “alma”, o la “mente”, sino también la “respiración”. Otra palabra griega es pneuma que se traduce por espiritu cuya otra derivación latina spiritus, tanto significaba “aliento” como “viento”. Asimismo el término latino “anima” también significaba “aire” y “aliento”.
Para la religiosidad hebrea existe una sola palabra –ruach- que significa tanto espiritu como viento. En el mismo principio de la creación, antes de la existencia del cielo y la tierra, Dios está presente como un viento moviéndose sobre las aguas. El aliento, como vemos en el Génesis, es el más íntimo y elemental lazo de unión entre los humanos y lo divino, es lo que fluye más directamente entre Dios y el hombre.
Movimiento eternamente horizontal, el aire comunica, pone en contacto a todos aquellos que comparten una condición esencial, su humanidad. Por eso los signos aéreos del zodíaco tienen como común denominador la condición de estar representados por símbolos humanos o de sus creaciones. Una humanidad encarnada en los hermanos gemelos de Géminis, en el símbolo de la balanza en Libra y en el gran hombre, el Aguador, ese ser humano universalizado y vuelto utopía en el signo de Acuario.
Al principio fue el Verbo, como si la palabra fuera el ámbito primordial constituyente de toda realidad. Como si un requisito fundamental de que esta realidad entrara dentro del ámbito humano de experiencia es que sea pensable, decible y comunicable.
El aire crea el verbo y posibilita su circulación, condición del encuentro y de la comunicación entre diferentes e iguales, fundamento mismo de lo social, de la sociabilidad y de su cristalización en la polis y en la cultura.
Antaño la palabra resumía y contenía el espiritu de la cosa nombrada. Era un instrumento de poder, quien poseía la palabra poseía su mágica esencia, quien la pronunciaba ponía en movimiento las fuerzas sutiles, para bien o para mal.
Hoy, la palabra es el medio por excelencia de convertir en público lo privado. Así cualquier experiencia o percepción puesta en palabras constituye el discurso, ese discurrir entre un sujeto y otro. Por eso, en Géminis, la palabra deviene puente tendido hacia el otro, ese hermano gemelo idéntico y opuesto, inaugurando así el universo de lo uno y lo otro, de la semejanza y la diferencia.
La palabra en Géminis siempre presenta esta misteriosa dualidad: revela y oculta, ilumina y engaña. Por la palabra el encuentro y la verdad y por la palabra el engaño y la ilusión. Así Mercurio regente de Géminis es, a la vez, señor de los caminos, de las encrucijadas y de los ladrones y mentirosos, psicopompo conductor de almas y embaucador creador de ilusiones.
En Géminis y por Géminis se nos dió el móvil principal para que el habla se diera: la curiosidad. Esta hambre insaciable que hace de los humanos los eternos buscadores y de ello proliferan los infinitos lenguajes y las miríadas de sentidos. Gramáticas y vocablos, sintaxis y semánticas que pueblan el espacio de lo intelectual y que definene la dimensión de lo cultural. Géminis es el artífice y artista del alfabeto, cuyo advenimiento en la historia de la humanidad marcó un hito. Platón así lo propuso, el alfabeto cuyo uso posibilita un abstraer la mente del mundo puramente fenoménico de la percepción sensible, abre la puerta de un universo de Ideas eternamente fijas y eternas. El conocimiento auténtico solo proviene de allí, el otro, producto de la visión ordinaria, es meramente accidental y utilitario.
La palabra escrita posibilita la reflexión o una conciencia que se refleja a si misma, Sócrates la llamo psique, un término que adaptó de su significado homérico como aliento invisible que anima los cuerpos vivientes y la redefinió como ese aspecto del ser humano capaz de sobreponerse al mundo de la percepción sensible para contemplar las Ideas inteligibles, las formas puras y eternas que existen verdaderamente.
La palabra que ilumina para el buscador de la verdad y seduce para el sofista dedicado a convencer a los demás, expresa en Libra una nueva dimensión: su belleza. La balabra se poetiza, deviena poema en razón de la inclinación a lo bello, propio de Libra.
En el discurso hecho poema, la palabra adornada por su ritmo, cadencia, tono y equilibrio revela su esplendor. Su forma y contenido alcanzan el alma transformando la comunicación en comunión, la verdad en misterio insondable, el lenguaje en don divino.
Hubo culturas en los que el lenguaje era inseparable de la canción y la historia y, a su vez, las canciones y las historias era inseparables de las formas y rasgos del paisaje viviente que servía de cuna a los oradores. El poeta cantaba, narraba a los humanos acerca de los dioses, dioses totalmente identificados, encarnados en las múltiples dimensiones de las formas y los fenómenos del mundo que le rodeaba. Era un mundo animado y la poesía reflejaba su alma. Hoy la poesía sigue luchando por preservar esta antigua vivencia originaria, devolver, reconocer el alma y honrarla por medio de la belleza que nos conecta con lo no-humano, lo sobrenatural.
Acuario recoje el discurso y lo eleva hacia la utopía, revelando así un mundo arquetípico, el mundo de las Ideas platónicas que desde la eternidad subyace a nuestra pálida realidad confiriéndole inteligibilidad y razón de ser.
Detrás de cada realidad palpable hay una idea que posibilita su existencia, y detrás de cada orden social una ideologia que lo sustenta, solo la mirada acuariana puede vislumbrar su cuota de perfectibilidad.
Acuario percibe un orden atemporal y aespacial en el que la eternidad hace brillar el conocimiento de las formas perfectas y acabadas. Por eso Acuario es el motor de todo avance en lo cultural y en lo social. Ciencia y cultura, idealismo y utopía confluyen en las ánforas acuarianas para verterse en la humanidad, para hacerse accesibles al ser humano.
Todo movimiento liberador, toda idea revolucionaria, todo pensamiento cientifico deberían de tener como común denominador una meta esencialmente acuariana, la emancipación del ser humano, su realización como individuo único y consciente. Por eso Acuario es el signo de la fraternidad, todos unidos y reunidos por un proyecto único liderado por el ideal, por la utopía, por el sueño de la emancipación, del encuentro entre iguales.
En la mitología griega, Eolo es el Dios del Viento, vivía en la isla flotante de Eolia con sus seis hijos y sus seis hijas. Zeus le había dado el poder de controlar los vientos, Eolo los tenía encadenados en un antro profundo, donde los gobernaba con un dominio absoluto, apresándolos o liberándolos a su antojo, ya que todos los vientos liberados podrían provocar graves desastres en el cielo, la tierra y las aguas.
En la mitología griega también encontramos a los Anemoi (en griego antiguo ?νεμοι, ‘vientos’) eran dioses del viento, los Venti (en latín ‘vientos’) que se correspondían con los puntos cardinales y que estaban relacionados con las distintas estaciones y estados meteorológicos. A veces eran representados como simples ráfagas de viento y otras se les personificaba como hombres alados,
Bóreas era el viento del norte que traía el frío aire invernal, era muy fuerte y tenía un violento carácter. Cuando Atenas fue amenazada por Jerjes, la gente rezó a Bóreas, de quien se dice que propició vientos que hundieron 400 barcos persas
Noto era el viento del sur, estaba asociado con el viento caliente y seco de la salida de Sirio tras el solsticio de verano y se creía que traía las tormentas del final del verano y del otoño, por lo que era temido como destructor de las cosechas.
Céfiro era el viento del oeste que traía las suaves brisas de la primavera y principios del verano era el más suave de todos y se le conocía como el viento fructificador, mensajero de la primavera.
Euro, el viento del este, era la deidad que representaba al funesto viento del este. Se creía que traía calor y lluvia, y su símbolo era una vasija invertida derramando agua.
Que Eolo, señor de los vientos permita un renacer de las ideas refrescantes que necesitamos. Ya lo dijo Goethe:
“Todo ha sido pensado antes,
lo difícil es volver a pensarlo”
Para la comunicación una meditación de Marco Aurelio, resulta oportuna:
“Acostúmbrate a prestar la máxima atención a lo que dice el otro y, en cuanto te sea posible, intérnate en el alma del que habla contigo”
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1. The Spell of the sensous, Perception and languaje in a more-than-human-world. (1997). Abram, David. Vintage Books. NY.
