
El Zodíaco está formado por doce signos, que pueden ser vistos como doce fases que expresan el devenir de cualquierexperiencia y de cualquier proceso evolutivo. Constituye un esquema simbólico ordenado en el que la posición y la sucesión de Ios distintos signos no es casual; sólo adquieren significado dentro de la totalidad de la que forman parte. Es una estructura circular, cíclica, que refleja una trama necesaria. Trama que dota de sentido a cualquier fenómeno o experiencia que acontece y que podemos ver reflejada tanto en el despliegue de una vida entera como en el de una relación, o en el de cualquier situación de nuestras vidas.
Aries simboliza el primer momento del proceso, el primer chispazo, el primer brillo celeste que aparece en la realidad, pertenece al elemento fuego. Fuego expresa los tres atributos de la divinidad presentes en todo ser humano: SER (Aries), AMAR (Leo) y CONOCER (Sagitario). Aries como primer signo se relaciona con el número uno. Ambos aluden al poder de la semilla, lo inicial, aquello que encierra en si todo el potencial aún inmanifestado inherente al proceso dee creación que se inicia. Esto es lo que en la vida de la gente que tiene el arquetipo vigente, o en los momentos en que la vivencia ariana, ocupa el centro nuclear de la experiencia. Aries lieva en si el valor más preciado: el nuevo potencial a desplegar.
Con Aries asistimos astronómicamente a la irrupción de la primavera. Surgen en una explosión de vitalidad, los primeros brotes, la savia despierta del letargo invernal y asciende de nuevo para vivificar a la planta entera, la naturaleza no procede suavemente sino con impetu. El ímpetu de la germinación brusca de las plantas, del ardor procreativo de los aninimales. Es un momento de la experiencia en que lo importante es todo lo que se está preparando, todo lo que va a realizarse, por eso Aries tiene siempre sus miras puestas en el futuro. Para Aries un presente desconectado de un futuro preñado de posibles realizaciones representa el peor de los agobios. La cólera ariana es la expresión de la impotencia de volcar un presente insatisfactorio hacia un porvenir esperanzador.
Aries sabe por pura intuición que es portador de algo muy valioso: la energía de los comienzos. Esto marca toda su manifestación en la vida y en los procesos, en que le toca asumir un rol relevante. La imagen de la semilla en Aries es un simbolo del ser: todo aquello que encierra en si la posibilidad de que el ser se desarrolle y se despliegue en todas sus manifestaciones. Aries hace suyo el mandato délfico que según Pindaro dice: "Llega a ser lo que eres".
En Aries el fuego es sentido interiormente como una urgencial en permanente estado de consumacion y movimiento, a vivir, de única y peculiar manera, las experiencias que se presentan en el camino que cada uno ha de iluminar. Estar vivo es estar ardiendo. Arder en Aries es demostrar al mundo el valor de ser. Necesita, por ello, una completa libertad de movimientos y de expresión.. Para Aries vivir es poder ser. Todo lo que obstaculiza ese sagrado intento debe ser destruido. La destrucción es la guerra. La guerra tiene por fin el aniquilamiento del mal. En su sentido místico la guerra es el combate entre la Iuz y las tinieblas. La guerra santa sólo puede ser guerra interior. Cada hombre sufre su propio fuego. Es la Iucha que el hombre libra en si mismo. El ardor guerrero se expresa simbólicamente por la cólera y el calor. Es el fuego refulgente y explosivo de Aries, el signo del morueco, el protector de los rebaños, la cabeza y guia de los animales.
Aries sabe que toda semilla engloba una totalidad: la posibilidad del fruto maduro, es decir, cada proyecto que iniciamos, cada empresa que se emprende, cada relación que se establece quiere antetodo ser. Es el momento Aries, que afirma la promesa de su validez: todas son válidas, todas pueden conducir hacia la meta preciada. Toda semilia plantada puede alentar un descubrimiento. Cualquier propósito, si es seguido hasta sus últimas consecuencias, puede significar la redención. En ello reside el valor de Aries, por ello es la energia que más confianza desprende e inspira. Aries intuye que el presente alcanza su maximo valor cuando se lo percibe como semilla, el momento presente es un mundo infinito de posiblidades que pueden desplegarse en el futuro. Aries vive el perpetuo estado de los inicios, en tal estado todo es vivido, todo puede ser aprovechado para el futuro crecimiento.
Aries está regido por Marte, el dios beligerante, como si en todo momento inicial hubiera una guerra a realizar. Aries presiente la existencia de los peligros que acechan a la semilla del futuro. Todo lo que pueda obstaculizar sus posibilidades de desarrollo ha de ser eliminado, ha de ser destrozado. Este es el combate de Aries. Uno de Ios principales obstáculos es, en cualquier inicio, el pasado. Aries aún está demasiado cerca del pasado, del anterior ciclo como para olvidarse de él. Es el primer signo después del ciclo anterior, por tanto Aries siente una perpetua inseguridad respecto al pasado. Pasado que aún puede desbaratar todos los esfuerzos que alentan el porvenir. Todo lo que sea herencia del pasado: hábitos adquiridos, lo institucional y lo instituído, las tradiciones, lo normalizado y convertido en real, constituye para Aries el principal enemigo. En los inicios, bajo el álgida ariana, las miras se colocan en las nuevas posibilidades a realizar, los nuevos continentes por descubrir, los nuevos caminos que recorrer. Esta es la tensión fundamental de Aries. Todo proyecto que emprendemos en la vida ha de tener tal espiritu pionero, ha de intentar sumirnos en la aventura y lo insólito, sino lo consigue, acaba siendo engullido por el pasado, entonces más que un nuevo ciclo o proyecto se convierte en una repetición de lo mismo, de lo ya sabido. Si rechazamos el combate, si traicionamos el arquetipo ariano acabamos convirtiendo nuestros propósitos, empresas y aventuras en la repetición de la misma historia. Es necesario el ardor combativo de Aries, un ardor que en esencia es impersonal (no está dirigido contra las personas aunque así to parezca pues siempre es muy directo) se dirige hacia el fantasma del Pasado que, eso sí, puecie encarnar una persona o cualquier otra realidad.
El genio o daimon ariano vive bajo un lema: se ha de hacer Io posible y lo imposible para que la semilla pueja prender, para que lo nuevo pueda devenir realidad. De ahi su terrible sentido de la independencia, es el sujeto que se sostiene y funda a si mismo. Aries no puede hacer caso a nade más que a si mismo, sólo sigue la ley de su intuición y para ello ha de desarrollar un arrojo, un coraje y una disponibilidad al sacrificio (Aries es el cordero sacrificial) que le confiere la confianza sin limites que se ha de tener en la propia fuerza vital, en el poder personal acumulado. Dar el primer paso siempre que sea un primer paso real, es decir hacia lo desconocido es simbólicamente el momento que requiere más valor.
Cuántas empresas fracasan por traicionar el espiritu pionero que la habría de guiar! En Aries no hay lugar para la duda, se trata de pasar a la acción, de dar el salto, no es momento para esperar resultados solo para otear lo nuevo, tampoco lo es para llegar a puerto seguro, en tales momentos lo importante es una actitud guerrera, combativa para salir al paso de todo to que puede hacer abortar al nuevo ser.
Aries y el arquetipo del héroe
Aries encama aquellos aspectos del arquetipo del héroe que se relacionan con las virtudes del rigor, el honor y el valor. Virtudes castrenses que, como todas, pueden ser interpretadas de muy diversas maneras. Ya el mismo concepto de virtud se presta hoy a mucha confusión y rechazo, por las reininiscencias morales y religiosas de un orden que muchos queremos olvidar. Virtud -de vir- tiene un sentido de fuerza excelente. No es la pretension de establecer un código que juzgue las conductas sino la búsqueda de la eficacia más vital y perdurable. El virtuoso de Aristóteles no es el que tiene un conocimiento que los demás ignoran, o que su comportamiento es un dechado de bondad, sino más bien aquel que posee una fibra diferente, un especial arrojo y empeño. Aries sabe que todas las acciones hacia la libertad están al borde del heroísmo, es el paladín de la acción y en consecuencia capaz de mostrar a los demás lo fácil, por eso son buscados en los momentos de crisis.
Aries es la puerta de entrada que conduce al camino, es el dejar de soñar y ponerse a andar único modo de poner a prueba el verdadero valor del guerrero. La acción combativa de Aries va encaminada a producir los gérmenes de todo devenir, es una acción fuerte y decidida que atenta contra la vacilación y la falta de claridad. Ser fuerte en la mayoría de culturas es ser intrépido y generoso. Aries sabe que toda acción es una guerra, es enfrentamiento y edificación, riesgo e innovación. Un guerrero sólo se hace en el campo de batalla. Las personas que tienen el arquetipo ariano fuerte en su vida lo saben bien: todo empieza a cambiar dramáticamente cuando dan ese primer paso, ese primer acto de independencia necesario para la continuidad y desarrollo del ser. Acto que tuvo que realizarse en la vida varias veces y que permanentemente se ha de reactualizar.
Los mitos arianos
En términos miticos, el combate de Aries es contra el Padre Terrible. El Padre Terrible es una imagen simbólica del "Viejo Orden". Liz Greene (The Astrology of fate) tiene bellas páginas escritas sobre los mitos asociados a los diferentes signos a la que sigo para a exponer los que se relacionan con Aries: Edipo y Jasón. Ambos mitos retratan el mismo tema: muerte del Viejo Padre y la búsqueda de Padre interior. Los padres representan la ley y el orden, la vieja religión y la vieja moral encarnan los valores colectivos, aceptados, el principio de la autoridad establecida. Cuando eI padre deviene terrible actúa como si fuera un sistema espiritual que obstruye el progreso del hijo al futuro. El Padre aparece en la vida adulta en forma de instituciones, superiores en el trabajo y todo aquel que encame el principio de autoridad.
Jasón debe competirr en sus luchas heroicas con dos machos destructivos, dos reyes, y en ello se represents la batalla arquetípica con el Padre Terrible. El vellocino de oro que constituye el motivo de la aventura mitica es el dios escondido, el simbolo del Padre que ha de encontrar y realizar en él mismo, la imagen de la secretamente deseada reconciliación con el Padre. Reconciliación necesaria para la posterior iniciación en su ámbito y misterios: la propia y original fuente de autoridad.
La tragedia de Edipo no fue del todo entendida por Freud que vió en la lucha de Edipo con su padre un único móvil: el incesto, es decir, el deseo hacia su madre y la rivalidad celosa con el padre. Pero "desde el inicio -afirma la autora- el conflicto es con el Padre.. Edipo que en la historia es fogoso, con cabello rojo y de notoria furia (excelente imagen de Aries), le mató sin haber hallado a su madre. Fue su rabia que le pudo estaba furioso porque el viejo rey insistió en pasar primem por el estrecho camino".
La estructura básica de estos mitos repiten una misma idea: el Viejo rey ha violado alguna ley, el padre ya no tiene una relación correcta con el "prinncipio masculino", se ha vuelto terrible y, el hijo debe matarle. El pecado ancestral es por parte del padre y debe ser expiado por el hijo. Lo irónico es que la batalla violenta entre los machos surge de su propia relación e identidad secreta más que por la conquista de una mujer o el éxito". Es decir, el Viejo Rey tanto es el obstáculo como el medio para crecer. El peligro de las luchas contra el padre terrible es que uno se vuelva idéntico a él, Como resulta patente en el desenlace de las histories de Jasón y Edipo.
En la vida de la gente que tiene el arquetipo de Aries fuerte se da este esquema mítico. El padre carnal o la persona que hizo de padre, encamó el miito actuando como una fuerza que se opuso, criticó y reprimió las expresiones de autoafirmación y creatividad del niño o de la nñia. El niño se siente empujado a batallar contra un padre destructivo, restrictivo o tiránico que luego en la adultez se revive en los enfrentamientos y rebelión contra la autoridad, esto es, contra todo aquel que la persona perciba inconscientemente como una reaparición del viejo padre, y actitudes de rivalidad o competitividad que hace dificil o imposible que la persona coopere con los demás. La niña si rehuye la batalla, en la vida adulta se siente irresistiblemente atraida por hombres que presentan los mismos rasgos dominantes que el padre, que van a cohartar su independencia, o desarrolla una actitud de competitividad con los hombres con los que se reIaciona.
Una persona que tenga el mito ariano fuerte en su vida va a sentirse empujado, impelido a actuarlo repetidas veces. Esto puede convertirse tanto en fatalidad neurótica como en destino, es decir, en la medida que uno es inconsciente de sí, de sus motivaciones y necesidades esta poseído por el mito y va a repetir compulsivamente el drama ariano de enfrentamiento con el padre siempre que la vida le acerque a alguien con el que establece una relación que activa el mito. Enfrentamiento que, por la inconscicncia de los móviles que le subyacen hace surgir en quien lo padece los rasgos más inmaduros y asociales del mismo Padre al que combate: el valor se convierte en dureza, una dureza que cierra toda aperture a lo nuevo, la independencia deviene autarquía e incapacidad de relación, la mirada pionera acaba siendo la de unos ojos altivos en el rotro del que se cree superior y autosuflciente. La propia inteligencia se transforma en el peor de los enemigos pues se utliza para alimentar la fortaleza ilusoria del ego.
En cambio, si la persona que se confronta con el mito de Aries ha conseguido echar un vistazo a su propia trastienda y comprender o comprenderse en esas dimensiones que los psicoanalistas Ilaman el inconsciente y los alquimistas la massa confussa, la prima materia se le aparecen las mismas fuerzas no bajo el imperio de la fatalidad o la compulsión a la repetición sino como la posibilidad de un cumplimiento, como la urgencia de Ilevar a cabo un mandato celeste, como el requerimiento a llevar a cabo una misión, es decir cumplir con el Propio destino. En tales casos Aries siente en si mismo la necesidad de hallar en su vida la posibilidad de iniciar luchas por "causas que valen la pena", algo que necesita ser defendido y que exige una entrega y un compromiso. Es lo que ocurre en las leyendas de claro sabor ariano que versan ,sobre el Caballero y su Dama, aquélla por la que es capaz de dar la vida. Simbólicamente la Dama puede ser un propósito, una idea, una filosofia, etc. (que representa a la damisela, o el oprimido a rescatar de las garras del Padre Terrible, del ogro) que represente al valor rechazado por lo instituido. Valor que Aries puede defender, con el ardor de que es capaz, pues conoce el tesoro que encienrra: la posibilidad de expansión del ser (sea el ser de un individuo, de una cultura o de la entera humanidad). Y de todo aquello que permie iniciar la aventura creativa, que estimula el ansia innovadora. Ansia que como semilla plantada en lo más hondo del corazón de cada uno de nosotros anhela prender y fructificar.
