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Caín y Abel, el ataque del 11 de Septiembre

Armando Rey - ® 2001

En el punto de mira de los terroristas en el ataque del 11 de Septiembre a las Torres de Nueva York y al Pentágono es evidente que más que el daño causado a las víctimas civiles cuenta el que se pretendía inflingir a los símbolos representados por los edificios atacados.

Particularmente resulta impresionante el de las Torres Gemelas, puesto
que como ya se ha dicho, encaja perfectamente con el simbolismo de los
planetas en aspecto, Por un lado, Saturno en Geminis, representando el
poder en el trono. Hoy en día mucho más efectivo que el poder militar es
el que, como nunca imperio alguno había ostentado antes, tiene USA en el
campo económico. Por eso ha sido el emblema más encarnizadamente atacado
por los terroristas (World Trade Center) y al final destruído totalmente.

Por otro, Plutón (terroristas) en Sagitario (integrismo, guerra santa)
actúando como en una erupción incontenible de rabia y resentimiento
acumulado, con un grupo suicida (autoinmolación escorpiónica) y por
medio de un avión utilizado como saeta mortífera (sagitario) golpeando
las torres (estructura pétrea saturnina) gemelas (geminis) y de
mercaderes (mercurio regente de geminis).

Fácil y erróneamente se podría creer que este problema atañe solo a los
americanos, creo yo que a nivel colectivo y mal que nos pese a muchos,
estos símbolos son válidos en términos de toda una civilización:
occidente, reflejan lo más esencial de un estilo de vida, de un camino
que todos seguimos. Occidente, hogar de cristianos y judios, ayer
enemigos y hoy aliados y todopoderosos regentes del mundo, por un lado,
y por otro, Medio Oriente, los vecinos musulmanes, marginados del
imperio y resentidos por la larga serie de traiciones, invasiones y
agresiones que, con razón o sin ella, han recibido de occidente.

Como ya comenté en otro ocasión resulta muy instructuvo refexionar
sobre cómo es que los tres únicos pueblos del planeta cuyao sentimiento religiosos básico se vincula a la existencia de un Libro Sagrado, el
mismo para los tres, pueblos que fueron hermanos en sus orígenes, hoy y
ya hace mucho tiempo, se enfrentan en lucha fratricida con un único
epíteto con el que caracterizan a su adversario correspondiente: Satán.

El simbolismo de Geminis, como todo símbolo, presenta dos expresiones
básicas: una negativa y destructiva que se manifiesta cuando las
personas ignorantes e inconscientes lo usan y lo expresan y la otra
positiva en el sentido de ser fuerzas que rigen la evolución personal y
colectiva cuando son entendidas y usadas sabiamente.

Por un lado Geminis nos confronta con el otro, el hermano oscuro, el
rival, el diferente, el portador de la proyección personal y colectiva
más destructiva: la propia sombra. De hecho, en nuestro mito religioso,
este que está escrito en el texto sagrado antes mencionado, nos presenta
la historia de Caín y Abel como un mito que nos alerta de las
expresiones destructivas de dicho arquetipo cósmico y como un peligro
que anida en el centro del ser cristiano, judío y musulmán.

En el mundo contemporáneo, este mito se sustenta en un modelo de
crecimiento económico y prosperidad (Torres Gemelas) basado en la
exclusión del otro (a costa del otro), sea este otro, el hermano de
sangre, el vecino de casa, la nación vecina y/o el mismo planeta tierra
(este Otro que se ha de tener en cuenta pero que se olvida, margina
cuando no se rechaza y explota).

Cuando en el terreno ético resulta evidente que la única actitud
aceptable y sana es la del repudio total a este atentado, pues esta escalada de resentimientos y odios mutuos puede mantenermos en una
repetición eterna del mito de Caín y Abel bajo la compulsión homicida de
exterminar al otro (recuérdese la inquisición, las cruzadas, el
antisemitismo, los balcanes, etc. etc.), en el terreno simbólico y
reaccionando al hecho terrorista como un mensaje celeste que nos toca a
todos y a todos nos debería inspirar, conviene reflexionar sobre la
destrucción de las Torres Gemelas y parte del Pentágono, emblemas de la
prepotencia de uno de los hermanos, como algo necesario, algo que hemos
de completar cada uno en dos niveles, en primer lugar examinando la
propia vida para intentar descubrir en que sentido este mito-tragedia
también se está actualizando ahí, es decir a quien marginamos,odiamos,
rechazamos y convertimos en portador de nuestra sombra y en segundo
lugar, comprendiendo, a nivel colectivo como partícipes de la
civilización occidental, que no podemos seguir persiguiendo un modelo
económico cuya prosperidad se basa en el marginar al hermano, incluyendo
al la hermana mayor, Gea.

Geminis, en su sentido positivo, es el arquetipo básico de la
integración del otro, es decir el descubrimiento difícil pero
maravillosos de la unidad de lo opuestos, por eso los hermanos son
gemelos, un proceso que solo se posibilita mediante el esfuerzo
consciente de asumir la propia sombra y sus peligrosísimas proyecciones,
de reconocer que el hermano oscuro anida en todos, que todos tenemos un
núcleo integrista excluyente y fanático alimentado por nuestro
resentimientos no trasmutados (plutón en sagitario), que nos hace cerrarnos al otro, en el mejor de los casos y en el peor a liquidarlo
(tanto sea física como psicológicamente) pues solo sabemos encararlo
como un potencial rival (el hermano hostil).

Sagitario bajo el álgida plutoniana puede estar llamando a que cada uno,
y la civilización entera, se abra a una especie de muerte (el ser
tragados por la serpiente, de mi artículo anterior) de una cosmovisión,
sobretodo de esa cosmovisión ingenua que divide al mundo entre buenos y
malos, estando yo siempre en el bando de los buenos, para dejar entrar
y/o nacer la otra, la que es portadora de grandes esperanzas al ser una
visión de integración de lo opuestos, de apertura a lo otro que habita
en nosotros y que hasta hoy hemos marginado y que además puede abrir
puertas a una realidad mucho más amplia que la que contempla la estrecha
cosmovisión actual.

En lo personal elijo quedarme con este potencial de toma de conciencia
presente en este trágico suceso que, en última instancia es portador, a
mi humilde entender, de una gran posibilidad de evolución real tanto en lo personal como en lo colectivo.

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