"...Debes de hacerte responsable por estar aquí, en este maravilloso mundo, en este maravilloso tiempo...debes aprender a hacer que cada acto cuente, pues vas a estar aquí un rato muy corto, de hecho, muy corto para presenciar todas las maravillas que existen" D. Juan .
Para muchos la eternidad, la creencia en la inmortalidad del alma o del espíritu es un consuelo, un triste consuelo que da fuerzas para soportar una vida demasiado insulsa o problemática. Para otros, el vínculo que les une a la eternidad no puede ser más intenso pues han comprendido que lo más importante en la vida es precisamente caminar hacia las estrellas, ir en pos de ella.
Quiero destacar entre todos el testimonio de Don Juan , en la obra de Castaneda que a mi modo de entender, es el más inquietante, apasionante y riguroso testimonio que he encontrado a lo largo de mi vida.Como dice Taisha Abelar, compañera de viaje de Castaneda:"Antes del nacimiento, la dualidad impuesta al hombre no existe, pero desde el nacimiento en adelante, las dos partes se separan por el empuje del intento de la humanidad. Una parte se vuelve hacia afuera y se convierte en el cuerpo físico; la otra, hacia adentro y deviene el doble. Al morir la parte más pesada el cuerpo, retorna a la tierra absorvido por ella, y la parte ligera, el doble, se libera. Pero desafortunadamente, como el doble nunca fue perfeccionado, experimenta la libertad solamente por un instante, antes de ser disipado, desparramado en el universo. Si morimos sin borrar nuestro falso dualismo, morimos una muerte ordinaria" .
Una muerte ordinaria es una muerte sin redención en la que no sobrevive ni un ápice de nuestro ser. Es posible, afirma, un especie de muerte alternativa accesible solo después de llevar una vida impecable y ahorrar la suficiente energía. Sólo entonces es posible acceder a una experiencia en la que, el ser humano en vez de rendirse a la muerte, lucha contra ella y, en esa lucha, consigue incendiar todo su ser e inflamar cada célula de su cuerpo y espíritu de conciencia. Así, la energía e impecabilidad almacenadas por tal guerrero le permiten eligir el momento de su muerte y experimentarla en términos de un paso a otra dimensión.
Un paso que implica su desaparición de la faz de la tierra pero que le lleva a un viaje por las estrellas, ese mar de consciencia infinita, con plena conciencia deser y preservando su individualidad . Es un reino imposible de describir en términos de nuestro universo conocido. Tal reino, claro, se sitxa más allá del espacio y del tiempo y en su testimonio recibe el nombre del reino de la libertad. Dice D. Juan:"La libertad es el don el Espíritu al hombre. Desgraciadamente pocos hombres entienden que para poder aceptar tal don lo único que necesitamos es tener suficiente energía. Y si eso es todo lo que necesitamos, entonces, a como dé lugar, tenemos que ser avaros con nuestra energía" .Lo incitante y a la vez sorprendente de esta visión es que para ellos, la posibilidad de alcanzar la vida eterna es algo factible y nos es dada a todos, no como un don sino como una conquista. No sucede así en el cristianismo, ni en otras religiones y cosmovisiones en las que aparece el tema, sea una inmortalidad bendita o maldita, sea el encadenamiento a la rueda kármica hasta la liberación final, como un destino ineludible, o como una imposibilidad radical.Por otra parte, cuando apelamos a la eternidad o inmortalidad, yo me pregunto: ¿es que acaso eternidad y tiempo son los dos extremos de una vivencia incompatible?, Àno son muchos los muchos místicos y hombres de conocimiento que aluden a ellos en términos de una paradoja , quizás la más misteriosa de todas?
"En cada instante te rodea la eternidad", "El Tiempo es el molde necesario para que en él se encarne y manifieste la Eternidad". Son, a modo de ejemplo, sentencias que impresionan y cuestionan porque permiten intuir la cercanía e intimidad del vínculo que une la dimensión temporal, sujeta al nacimiento y la muerte de los seres que la habitan y la dimensión atemporal, ámbito de lo infinito y eterno.
Cuentan que cierta vez un grupo armado, supuestamente terrorista, amenazó a Borges con su vida. Este replicó lacónicamente a dicho grupo, más o menos del siguiente modo: " "Para mí la amenaza terrible sería que me condenaran a vivir eternamente. No me dá pizca de miedo que me amenacen con la muerte. ÀAlguien se puede imaginar vivir eternamente? Sería el colmo del aburrimiento: las mismas situaciones se volverían a presentar una eternidad de veces. En cambio, el saber que vas a morir hace a cada instante, a cada encuentro xnico y por tanto intenso, irrepetible y así, valioso. "Curiosamente para ellos sólo la certeza de tu muerte instantantánea te dá ímpetu para vivir en plenamente y alcanzar la eternidad. Tal y como D. Juan declara:"Sólo la idea de la muerte da al hombre el desapego suficiente para que sea incapaz de abandonarse a nada. Sólo la idea de la muerte da al hombre el desapego suficiente para que no pueda negarse nada. Pero un hombre de tal suerte no ansía, porque ha adquirido una lujuria callada por la vida y por todas las cosas de la vida. Sabe que su muerte lo anda cazando y que no le dará tiempo de adherirse a nada, así que prueba sin ansias todo de todo.Un hombre desapegado, sabiendo que no tiene posibilidad de poner vallas a su muerte, sólo tiene una cosa que lo resplada: el poder de sus decisiones. Tiene que ser , por así decirlo, el amo de su decisión. Debe comprender por completo que su preferencia es su responsabilidad, y una vez que hace su elección no queda más tiempo para lamentos y recriminaciones. Sus decisiones son definitivas, simplemente porque su muerte no le dá tiempo de adherirse a nada.Y así con la conciencia de su muerte, con desapego y con elpoder de sus decisiones, un guerrero arma su vida estratégicamente. El conocimiento de su muerte lo guía y le da desapego y lujuria callada; el poder de sus decisiones definitivas le permite escoger sin lamentar, y lo que escoge es siempre estratégicamente lo mejor; así cumple con gusto y con eficiencia lujuriosa, todo cuanto tiene que hacer".
En resumen, la muerte no es nuestro destino fatal, ni la inmortalidad nuestra meta garantizada. Entre ambos extremos queda la conciencia de que existe un camino hacia las estrellas pero que su transitar es arduo, requiere arrojo y tomar la gran decisión: abrirnos a la vida para vivirla como un proceso de transformación constante en la que lo xnico que cuenta es escoger el "camino con corazón" aquel que requiere e incita a la vez nuestra disponibilidad a morir para renacer tantas veces como lo exija nuestro destino, porque en definitiva: "Morimos porque la posibilidad de que podemos ser transformados no ha entrado en nuestra concepción. Esta transformación debe ser lograda durante la vida, y tener éxito en esta tarea es el xnico propósito verdadero que un ser humano puede tener. Los restantes logros son transitorios, dado que la muerte los disuelve en la nada".
