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Invocación a los dioses

Armando Rey ®2005

Que Júpiter confiera una visión trascendente, una amplitud de miras que permita superar la miopía reinante, ver más allá de nuestras narices, de nuestros intereses egoístas y por fin remontar el vuelo.

Invoquemos al dios Marte que nos provea del coraje y valor necesarios para enfrentar la gran batalla, aquella que hemos de librar contra la indolencia, la ignorancia y la codicia sobretodo las que anidan en el propio ser.

Que el dios Hermes dé alas a nuestro intelecto, que nos haga capaces de pensar por nosotros mismos, poder discriminar el trigo de la paja, el argumento sólido del mensaje embaucador, la verdad de la falsedad, el juicio del prejuicio.

Que la diosa Afrodita nos enseñe a apreciar la belleza de la creación entera, del rostro y del alma ajena, del árbol silencioso, de la mirada amiga y sobretodo a amar lo más preciado el don de vida allá donde lo encontremos.

Que nuestra madre Luna, nos dé fuerzas para cuidar y alimentar nuestra alma tanto como al mundo que nos rodea, y ahora más que nunca proteger el entorno como si de una delicada flor se tratara.

Que Apolo, el dios solar, ilumine nuestro espíritu y de calor al corazón, que haga que de él surjan palabras verdaderas, que destierren a la hipocresia y las segundas intenciones. Del pensamiento calculador al pensamiento del corazón.

Que el gran Padre, Saturno, señor del tiempo y de la eternidad ilumine el camino de nuestra vocación, esa tarea para la cual se nos dió la vida y la conciencia, que nos confiera la disciplina necesaria para evitar las distracciones, el despilfarro.

Que Plutón señor de las almas que habitan el Hades, nos contagie de su invisibilidad, esa ligereza que sobreviene al ser conscientes de nuestra mortalidad, de nuestra e intensa presencia y participación en el efímero instante presente en esa vida única que no nos presentará una segunda oportunidad.

Que Urano nos lleve al altar de la libertar y la utopía y nos de fuerzas para la rebeldía frente a toda esclavitud y servilismo y que Neptuno contagie a nuestra vida del ritmo del cosmos, esa danza de las estrellas que brillan con luz propia, como la del alma, la propia y la del mundo, cuando nos permitimos escuchar su melodía, cuando nos permitamos ser nosotros mismos, vacíos de ego y llenos hasta el copete de Universo entero.