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Hillman y los astrólogos

"Los cielos retienen en su esfera la mitad de todas las enfermedades y todos los cuerpos" [Paracelso]

Traducción: Armando Rey

Ustedes ciertamente reconocerán que mi venida aquí muestra una audacia considerable, pues éste es su campo de conocimiento, no el mío; su profesión, no la mía; y su responsabilidad.

El hecho de que no tengo ninguna responsabilidad con respecto a esta vieja, muy querida y muy difamada profesión me permite ser e irresponsable en lo que pienso y voy a afirmar esta mañana. Solo en virtud de esta irresponsabilidad puedo sentirme lo bastante libre para decirles a cualquier cosa qu epudiera serles útil.

Diferente a su compromiso por su trabajo y de la defensa de su campo, mi compromiso es sólo el de un interés permanente, un amor incluso, a la astrología como un fenómeno arquetípico, que se presenta extendido, eterna y emocionalmente atrayente, profundamente resonante y rico en recursos y también poderosamente peligroso. Por tanto, y debido a estas cualidades, la palabra arquetípica es apropiada en sí misma a la disciplina astrológica.

Si es arquetípica, la astrología, está aquí quedarse; porque no se irá debe ser arquetípica. Y no desaparecerá. El historiador de la cultura Theodore Zeldin escribe:
“. . en 1975 un grupo de 192 científicos eminentes, incluso diecinueve Nobel premio-ganadores, liderados por un profesor de Harvard, publicó un manifiesto que declaraba su preocupación acerca del aumentó y aceptación de astrología en muchas partes del mundo. . . . Uno de los signatarios, un profesor de astronomía en UCLA, se quejó de que un tercio de los estudiantes que asisten a sus conferencias profesa una creencia en la astrología.” Zeldin tambien informa de que un tercera parte de la población en Francia e Inglaterra admiten ser creyentes en la astrología, y entre los franceses (“donde la lucidez es una virtud nacional”) el 90 por ciento conoce sabe su signo del zodíaco. “Una Historia Intima de la Humanidad, HarperCollins, 1984, p. 339.

Acerca de su peligro, tendremos más decir cuando procedamos; su poder emocionalmente atrayente me golpeó hace 45 años en Zurich cuando se hizo mi primer mapa, aunque había aprendido ya sus símbolos y glifos por mi mismo antes de esto. Tal convicción surgió del esta primera lectura que empecé a estudiar Astrología. Este inagotable interés, esta fascinación, este amor nunca me ha abandonado. Al mismo tiempo, debo aclararles que yo no creo en ella, no la practico, ni entiendo cómo “funciona” aunque la Astrología constituye uno de mis lenguajes básicos para la reflexión psicológica.

Puesto en palabras sencillas, para mí, la Astrología devuelve, regresa los hechos a los Dioses. Depende de imágenes, símbolos tomados del Cielo. Invoca un sentido politeísta, mítico, poético y metafórico de lo qué es fatalísticamente real. Esto es lo que conforma a la astrología como un campo, como un lenguaje, como un modo de pensar eficaz. Es la transmisora a la mente popular de la gran tradición que nos mantiene a todos morando en un cosmos inteligible, dándonos, así, preguntas más grandes que la respuestas humanas. Nos fuerza a imaginar y pensar en términos psicológicos complejos. Es politeísta y así se contrapone a la mente monoteísta dominante de la historia Occidental.

Pido prestada esa palabra “eficaz” a Paracelso, quien dijo, “Uno llega a ser un médico sólo cuando sabe acerca de lo que es innominado, invisible e inmaterial, y aun así eficaz. Pido prestada la idea a viejas interpretaciones astrológicas neoplatónicas acerca de las posiciones e influencias planetarias.

Los intérpretes neoplatónicos en el Renacimiento e incluso anteriores, hallaron una lectura eficaz, beneficiosa de los planetas más maléficos como Saturno, y de las constellaciones más inauspiciosas. Todos los Dioses nos inundan con beneficios; es tarea del humano, la tarea del intérprete descubrir estos beneficios. De otro modo, ignoramos las bendiciones y las tomamos por maldiciones.

En mis propios vagabundeos, hallé un día en Roma los beneficios de Saturno hace unos años. Estaba paseando por el viejo templo de Saturno, cerrado a visitas por las autoridades... cuando se me reveló que los males que Saturno me estaba inflingiendo – frialdad y distanciamiento de la cercanía humana, obsesión con el pensamiento, humores oscuros y depresivos que paralizaban la acción, preocupaciones obre cuestiones concretas que yo intentaba imponerles un orden..períodos de brusquedad y rigidez hacia mi mismo y hacia los otros – todas estas aflicciones había sido consideradas superficialmente, no había captado su eficacia – como me protegían, me mantenían en el camino fiel a mi llamada, me permitían pensar en y recibir bien a la soledad, y cómo éstas habían permitido que sufriera con el fin de vaciarme. En otras palabras, las maldiciones atribuídas a Saturno eran bendiciones. Más aún, aquel día en Roma me dí cuenta que somo nosotros que hacemos a Saturno un planeta maléfico, al tomar las bendiciones que prodiga de un modo “estrecho y opresivo” como obstáculos limitantes antes que poderosas bendiciones. No percibimos la otra mitad, la mitad celestial de la enfermedad o maldición, pues no es el Dios que nos maldice, nosotros hemos maldecido al Dios al interpretar mal su eficacia.

La Astrologia neoplatonica hallo la razon de nuestro sentido de victimizacion en el hecho que todas las almas estan atrapadas en la estupidez del naturalismo, literalismo, concretismo. Tomamos literalmente nuestros sufrimientos; percibimos las cosas solos bajo sus apariencias; insistimos que lo que es real es concreto. Estos errores de comprension son debidos a que nuestras almas estan encerradas en “hyle”, la palabra griega para materialismo. Así el viaje del alma, de acuerdo a la alquimia de Michael Meier, empieza en Saturno y acaba en Saturno, esto es empieza en la opresión y la victimización oculta dentro del materialismo de nuestras mentes mientrasque quedan ocultas las bendiciones de los propositos de saturno: “dirigir, iluminar y guiar al intelecto hacia el conocimiento de lo que es verdadreo y util.

Debemos recordar aqui que eficacia no solo tiene connotaciones positivas. Los dones de Saturno aún pueden sentirse opresivos y limitadores. Un don no es solamente lo que literalmente parece ser; debemos envolverlos bellamente para disfrazar el hecho de que cada don es tambien potencialmente tóxico. De hecho en algunas culturas como la China un regalo puede servir como una maldición subliminal; y a menos que sea rápidamente compensada con otro regalo al benefactor, uno queda agarrado, esto es, obligado, atado, constreñido por tal regalo o don...

La lectura neoplatónica de una carta astral, devuelve las cosas a los Dioses, pero no transforma todo en algo ingenuamente positivo. El modo eficaz de leer simplemente rechaza dividir las cosas en negativas y positivas, afortunadas o desafortunadas. Una cuadratura puede dar un Beethoven; un trigono, un Forrest Gump.

Así, la lectura eficaz de la invisible “otra mitad” que afecta nuestros cuerpos y enfermedades como Paracelso dice, no significa una lectura feliz de planetas felices en posiciones afortunadas. Júpiter en Leo en la casa II o en la X, no indica meramente optimismo, magnanimidad y calidez expansiva; sabemos que tambien invita a la exageración, el despilfarro y el entusiasmo indiscriminado...

Al principio dije que dado que la Astrología es arquetípica es poderosamente convincente y por tanto peligrosa. Quiero ahora expandirme sobre este peligro. Es el peligro contra el que he estado lucahando por muchas maneras, por muchos años y en muchos escritos –literalismo. Especificamente para nosotros aquí y hoy, el literalismo astrológico.

Dos tipos de literalismo afligen a la Astrología, así que tanto la Astrología como el psicoanálisis corren en riesgo de convertirse en una fe fundamentalista. El primero se relaciona con el tiempo. Llamémoslo literalismo temporal. Se le refuerza con cálculos, tablas, exactitudes, minutos y segundos. No cuestiona suficientemente la idea del tiempo. Más bien está poseida por el tiempo. Creo que es mejor que cuando hacemos cálculos matemáticos, considerarlos menos como mediciones exactas del tiempo y más como un acto ritual, una teurgia necesaria para constelizar la comprensión, enfocar la intensidad y elaborar un procedimiento para tomar distancia muy parecido a otras artes, como la medicina, por ejemplo, debemos usar medidas cuidadosas y dosis exactas y tanto como el nativo cura en culturas no técnicas y usa cuidadosas precisiones en sus prescripciones, o como los cocineros ejecutan su arte en términos de tiempo y medidas. Pero todo esto es un ritual para enfocar la intuición y refinar las propias habilidades más que presentar los hechos verdaderso de lo que realmente esta tendiendo lugar, ha tenido o tendrá, en una esfera invisible e incognocible, esta otra mitad más alla de este mundo.

Al dejar de lado el apego literalista al tiempo, podemos liberarnos de otro poder compulsivo en la Astrología: la tentación a predecir.

El segundo literalismo es la creencia en las influencias causales de los cuerpos astrales. El literalismo astrológico asume que podemos saber esa “otra mitad” que reside en el Cielo, y, por medio de cálculos matemáticos basados en la comprensión literal del tiempo atribuir causalidad a estos poderes celestiales.

Creo que necesitamos deconstruir estos literalismos. Creo que la tarea que debería llamar al astrologo es pensar más poética y metafóricamente y menos casualmente, como si la Astrología tuviera que obedecer a la ciencia newtoniana. No creo que necesitamos definir propiedades causales a los planetas y a sus constelaciones y, en consecuencia no necesitamos explicar como la Astrología funciona. Más bien podemos dejar que la carta astral funcione como un mantra que ofrece revelaciones, una mirada al más allá. Un mapa de lo invisible, un compendio de los poderes invisibles trabajando en consorcio. Podemos incluso hablar de estos poderes invisibles como Dioses que gobiernan, como fuerzas que influencian. Sin pretender el conocimiento sobre donde están, como funciona y que pretenden.

Sugeriría un modo fenomenológico, un menos metafísico y teológico de leer. La fenomenología e relaciona con cosas y fenómenos tales como aparecen. Deja de lado especulaciones sobre orígenes, causas, explicaciones y teorías. Así es como yo trabajo en psicología. No tengo ninguna teoría de los sueños –como surgen, que pretenden, donde se originan. Tampoco tengo teoría alguna sobre los síntomas, las neurósis, la locura o la salud mental. No conozco las raíces primarias de nionguna de las cosas que me enfrento en mi práctica... y no me preocupa. No atribuyo a un abuso brutal del padre o a alguna memória de cruelada materna el poder literal de causación. En vez de ello, contemplo el fenómeno. Estudio lo que se presenta –el problema, las imágenes, los dolores, los cambios del destino- intenando siempre liberar al problema de sus explicaciones para así permanecer enfocado en sus rostros... He asimilado en mis hábitos mentalers lo que tanto la filosofía oriental como occidental me han enseñado: la causación en este sentido simple es ilusória. Más: se convierte en un método de escape de confrontar el fenómeno que está frente a tus narices. Eso es lo que quise decir antes al afirmar que no entiendo la Astrología. Más aún no necesito comprenderla. Suficiente para mi es el comprometerme con su eficacia, asumir sus revelaciones.

Así, una cuadratura júpiter-saturno como yo mismo tengo o un plutón-luna aislados sin ninguna conexión no son las causas de problemas, fallos, miserias o batallas. Estas posiciones en una carta astral proveen imágenes, símbolos a ser ponderados por su riqueza simbólica y sus amplificaciones míticas. Brindan significados arquetípicos, dones divinos...

La Astrología es un arte práctico pero no una ciencia empírica. Algunos pueden intentar, como Gauquelin, establecer una base empírica reuniendo evidencia estadística. No veo la necesidad. ¿Establecemos el valor práctico y la veracidad de las artes con datos estadísticos?. Nuestra evidencia, tanto en terapia como en la Astrología, no es de tipo científico, sino de tipo humano: anecdótica, testimonial, revelatoria...

“Empírico” original y tradicionalmente no significaba establecer una idea por medio del método científico. Más bien el conepto se referia a los médico practicantes que eran guiados por, y basaban sus prácticas en la observación y en la experiencia más que en una teoría. Estoy diciendo que no necesitamos tener una teoría explicativa para afrontar las experiecias psicológicas y/o astrológicas para poder practicar nuestras profesiones. Necesitamos estar solamente dedicados a los fenómenos; necesitamos estudiar, observar, cuidar y escuchar para poder ser practicantes responsables de nuestras artes.

Debo confesar que las dos primeras palabras de la afirmación de Paracelso las tomo más bien litaralmente “El cielo retiene” [dentro de su esfera]. Y no me quejo por sus palabras mitad y mitad. [La mitad de los cuerpos y de las enfermedades]. No creo que él se refiriera a la mitad matemática, como en cincuenta por ciento. Creo que él se refería a que sólamente se obtien una media verdad, una cura parcial, una comprensión sesgada, incompleta si se olvida al Cielo...

Ahora encaremos esto. Paracelso dice que este cielo que rige la mitad de nuestras vidas, no solo está mas allá de lo visible, fuera de la esfera humana sino que además y misteriosamente retiene, mantiene, preserva, no deja ir, no se abre a esta otra mitad de nuestras vidas, nuestros cuerpos y nuestras enfermedades, más bien abarca a todos los cuerpos y todas las enfermedades de nuestro planeta. ¿Está Paracelso bajo la influencia de la antigua ecuación de Dios-Saturno, un retenedor, un dios anal retentivo y un Dios ausente que tiene la mitad de nuestro destino en sus manos y aún así es un Dios que no puede ser visto, no muestra su cara, no se abre? Creo que esta visión del Cielo puede haber prevalecido en la época de Paracelso, y antes y después también, no creo que esta fuera su particular visión.

Prefiero pensar que Paracelso insiste sobre esta mitad de nuestras vidas, la mitad astrológica retenida por esferas más allá de la naturaleza para que veamos que esta mitad no es directamente aprehensible por ningún método de la ciencia natural, ningún tipo de comprensión naturalista o mundana científica. Intentamos alcanzar el cielo a través de especulaciones teológicas, místicas, metafísicas, poéticas, matemáticas, pero el Cielo retiene y así en su esfera es hermético, secreto.

Así nosotros los humanos, conscientes de que vivimos solo con medias verdades y vemos solamente a través de un cristal oscuro, nos volvemos a la Astrología para hallar nuestro camino de regreso al Cielo, a las raíces invisibles que afectan a nuestro cuerpos, a nuestras vidas y a nuestras enfermedades. En términos Jungianos estamos buscando a Diós en la enfermedad –no meramente en ésta o aquella enfermedad clasificada literlamente, sino la “enfermedad” también llamada vida.

El astrólogo revierte los eventos a sus raíces en los cielos por consiguiente saca a la persona fuera de sus circunstancias al cielo. De allí, el sentimiento de revelación cuando se hace una interpretación correcta; las puertas del cielo se abren súbitamente, se conectan las dos mitades, esta vida aquí y aquella esfera allá. A la Astrología es así un arte divino, pero no un arte de adivinación –pues esto es literalismo, un literalismo de la predicción y el tiempo.

La tarea, del astrólogo es de este modo parecida a la del psicólogo arquetípico, consiste menos en traer aquí bajo, a mi vida, los dones de Diós, que en dar vida a los dioses. Cada acto de comprehensión, cada patología, cada racha de buena suerte que yo conecto con los planeas mantiene a los dioses vivos. A esto, los cristianos podrían llamarle un movimiento redentor. Prefiero considerar a ésta tarea de regresar los hechos a los invisibles celestiales, un proceso de epistrofé, siguiendo el pensamiento del Neoplatonismo, o, ta´will en el misticísmo Persa. Esta vision contempla al mundo entero lleno de un desieo innato de regresar a su raíz imaginal, su escencia arquetípica, su otra mitad en el Cielo.

Así, por ejemplo, digamos que asumo un ascendente Géminis en todas enfermedades y cueros –la vascilación del carácter, la tensión dividida, distraída, la duplicidad, la dulce turtura de ver ambos lados y luchar ambas con oposiciones, nervioso, impaciente, encantador, la rápida lengua del engaño que formula la visa, como un periodísta o un predicador, antes de ser vivida, la hipersensibilidad, el cansancio que viene por la rapidez e hiperconectividad -. Todad estas características pertenecen a mi carácter, un tesoro de Mercurio, un mineral metálico o cuerpo planetario, que mi vida como la vivo puede pulir y sacarle lústre y utilidad. Este pulir las enfermedades es lo que escritores como Blake y Keats y Lawrence an llamado “construcción-del-alma” (soul-making). Soul-making vuelve a los dioses lo que ellos me dieron y l oque traje conmigo en mi llegada, devolvíendolo más “refinado” y “sofisticado” como dicen los alquimistas.

Cada vez que un astrólogo en la consulta puede devolver una característica a su divino carácter, pule un problema y éste brilla bajo una luz diferente, revela al Dios en la enfermedad, permite que el cliente vea claramente por un momento esta otra mitad celestial,
el astrólogo está realizando una epistrofé, la devolución de un caos en lo humano a un mito en lo divino.

Para que no se a que concluyamos que mi énfasis en los Dioses, lo divino, los cielos, lo invisible, noble y excitante, hemos de recodrdar que los planetas residen en constelaciones principalmente de animales, los planetas estan casi todos encuadrados entre bestias. ¿Porqué será que el más alla de los cielos se designa por un mapa en formas animales – y éstas son tan terrestres: no alcones, búos y palomas, o canarios y águilas, sino que serpientes y escorpiones, peces y cangrejos, cabras, caballos y toros. Porque esta preponderancia de estos animales?

A nuestra mente arrogante occidental “animal” significa bruto, bestial, inferior en la escala evolutiva. En cambio en la mayor parte del mundo, antes de nuestros teimpos y aún hoy, en muchos lugares, los animales son los verdaders maestros de la humanidad, los espíritus guardianes y los compañeros constantes del alma. Algunas terapias están intentando volver a despertar esta conección arcaica con el animal, pero la astrología los hace por nosotros – así de simple. Nacido en el año del Tigre - ¡Uff! Sol en el Cangrejo ¡oooh! , Marte en el Toro y Venus en Escorpión: ¡Vigila!.

Estas formas animales que pervaden la imaginación astrológica presentan a los animales como contenedores cósmicos de invisibles poderes. Los animales como formas de lo divino, que es exactamente lo que sintieron los ancianos egipcios y lo que también es verdad para muchas culturas desde la japonesa Shinto a Polinesia, gran parte de Africa y los nativos de las regiones circumpolares. La Astronomía continúa trabajando con espacios configurados en froma de animal formados por líneas dibujadas entre los brillantes puntos de las estrellas. Conecta los puntos y aún observarás lo invisible convirtiéndose en un toro, un león o un par de peces.

La astrología trabaja matemáticamente, y así uno usualmente propondría que los números y los animales tienen poco que ver entre sí, lo uno tan abstracto – y lo otro tan concreto como puede ser la sangre, los dientes y el veneno. Pero dos pasajes básicos, en los textos cosmológicos que soportan a la cultura mitológica islámica y occiddental, consideran a los animales y a los números juntos. El primero es el arca de Noé, en el que se describe con detalle las medidas para dar una forma al barco que pueda contener todos los animales. Hallamos la segunda en el Timeo de Platón. Allí se puede leer como una figura de doce lados usada por el creador para la “totalidad”. Platón confiere forma geométrica a los cuatro elementos, y luego para esta forma más abarcativa de todo, dice que tiene un patrón de animales de figuras”. Esta forma dodecanal, animal la encontramos en otro pasaje de la República de Platón donde presenta “la imagen simbólica del alma como una bestia de múltiples cabezas con un anillo de cabezas salbajes y domesticadas.

Para la cosmología antigua, no hay una separación entre la geometría y lo orgánico, ellos pertenecían a una misma realdiad, lo que nos dicea nosotros hoy, que los cálculos matemáticos de la astrología no solo son necesarios para enfocar la consciencia en el caso y abstraerlo en una carta visible. Los numeros también son modos de prefizar las diversas fuerzas animales, aquella bestia de múltiples cabezas que vitaliza y conduce el alma, la vida instintiva que nos guía como nuestra compañera del alma. Insisto en el poder peligroso de la astrología: mientras jugamos con números y calculamos con grados, también estamos reconociendo la casa animal que contiene el alma, de hecho la casa animal que contiene la totalidad del cosmos. Y, no olvidemos, son los animales – incluyéndo al animal humano, que el Dios Bíblico considera la única parte de la creación entera que vale la pena salvar, una salvación que requiere que Noé haga deliberados cálculos matemáticos.

Finalmente, entonces si ésto no es verdadero, si no es explicativa, si sus matemáticas son ritual disfrazado y sus referencias a los planetas concretos de astronomía metafórica, ¿Porqué en el mundo, nosotros, gente educada e inteligente prestamos atención a la astrología, porqué cuando sentados en el asiento de un avión que nos pordría lanzar a la muerte abrimos la revista primero por la página de atrás para ver las novedades astrológicas del més? ¿Porqué nos fijamos en las noticias breves que oímos sobre Mercurio retrógrado, o analizamos la conducta de nuestra pareja en término de las fases lunares, o esperamos algún cambio financiero radical en el próximo tránsito a nuestra casa II? Incluso si al leer tenemos que suspender el juicio o dar la espalda a la verguenza de leer timos adivinatorios.

¿Porqué nos fijamos en ello? ¿Qué busca el alma, desea; porqué tan rápidamente atrae nuestra atención?. A través de esta última página retornamos a nuestra estrella guía que retiene una porción de nuestro destino, esta otra mitad. Buscamos una vez más una conexión con nuestro compañero primal, este hermano-hermana en el Cielo que vive afuera de este cuerpo aunque íntimamente ligado a nuestras vidas en cualquier instante. Para que podamos conectar nuestras vidas con Moira, la regente de nuestro destino, moira – esa palabra griega que significa simplemnte una porción, la mitad de Paracelso.

Buscamos en ésta página trasera éstos pequeños consejo y avisos, predicciones para sentirnos atados de nuevo a los poderes, los ritmos y los mitos del cosmos...

Este pequeño párrafo sobre Virgo o Libra nos eleva al conducir nuestras mentes hacia otro lenguaje no terrestre, un lenguaje de las estrellas, una rueda animalizada del cielo donde el alma puede hallar su lugar en la imaginación, su hogar imaginal originario. A pesar de que el cielo nocturno es enceguezca con la polución luminosa, las estrellas, casi todas eclipsadas, y los signos zodiacales desaparezcan en los pericuetos del comercio diario, Marte y Venus queden reducidos al mundo gris del sexo de John, la Luna, un lugar para plantar una bandera Americana, no obstante, el lenguaje de la astrología, sus rituales matemáticos, sus sacerdotales intérpretes, sus amoletos y los
tatuajes que pueda hacer en mi cuerpo, todos mantienen mis enfermedades relacionadas con su conexión celeste, fuera de éste cuerpo apropiado por Gillette, Exxon, Disney, Walmart y el banco de América, un toque de astrología, la más mínima referecia y los cielos vuelven y con ellos el destino.

Así, usteds, astrólogos tienen verdaderamente una misión alta, ustedes están verdaderamente al servicio de lo-más-allá-de-lo-humano, ésta otra mitad, y, no se preocupen sobre nobles palabras y altas visiones, el peligro de la inflación. Los dioses no pueden ser inflados. Saben como protegerse ellos mismos mejor que nosotros los mortales. El hecho de que se limiten uno al otro les permite conservar su poder, y es precisamente por eso que se mantienen así duraderos, inmortales, seguros contra la usurpación de cualquier ideología mototeísta.

Jame Hillman ®
Febrero, 1997

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