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Los sueños de Júpiter

Armando Rey ® - 1999

Los físicos están llegando al punto de afirmar que en un universo cuya urdimbre y textura es la espuma cuántica, el tejido de la realidad física se hace indistinguible del tejido del sueño. Al igual que cuando dormimos la división entre nuestra consciencia y la realidad es arbitraria. Puedo soñar que estoy sentado en la mesa hablando con mis amigos. Pero la division entre yo mismo, las sillas, y mis amigos en el sueño es sólo ilusión. Todos los entes y artefactos están subordinados a la conciencia del soñador. Análogamente, desde la perspectiva física moderna, el universo se colapsa en una peculiar unidimensionaldad, como si éste careciera de simensiones igual que en el suño que no tienen presencia fuera del soñador.

Los psicoanalistas también observan realidades semejantes. En el trabajo con los sueños, éstos empiezan a vivificarse y a revelar su carácter simbólico, es decir, se convierten en un vehículo que posibilita un diálogo con lo desconocido de nosotros mismos (el inconsciete) o con la dimensión misteriosa que subyace a cada una de nuestras realidades (lo sobrenatural).

Pues bien, si el diálogo continúa, alcanza un punto en uqe la separación tajante entre lo onírico y los real de nuestra vida empieza a diluirse. La más clara y aparentemente resuelta de nuestras situciones comienza a revelar su oscuridad, el más oscuro de nuestros sueños puede llegar a mostrar grandes verdades acerca de nosotros y nuestra existencia.

Al fin cabe la sospecha de que nuestra vida es la puesta en escena de un largo sueño en el que nosotros más que creadores somos uno de sus personajes y en el mejor de los casos simples aprendices.

Hemos de llegar a interpretar la vida y las situaciones que nos presente como si de un sueño se tratara, debemos aprender a acercarnos a nuestros sueños puede llegar a mostrar grandes verdades acerca de nosotros y nuestra existencia.

Una Astrología que descuide por completa estas cuestiones pierde su poder revelador. Quizás ofrezca mucha información, pero de escaso valor a la hora de la verdad. Cabría, pues, añadir a lo que se constituye ala labr cotidiana del astrólogo: unir arriba (una condición celeste) con abajo (un acontecimiento terrestre), completar la tarea: unir el afuera (mis asuntos exteriores) con el adentro (un sueño, ensueño o imagen interior). Sería como lograr una especie de síntesis entre la tarea del psicólogo y la del astrólogo convencionales.

Para el astrógolo eso significa no sólo posibilitar en el paciente una mayor integración o compresión de lo qu está viviendo, sino también enriquecer su propia visión del simbolismo astrológico con el material sumamente espontáneo e individualizado de los suños de la persona.

Para el psicólogo, poder tratar un sueño auxiliado del simbolismo astrológico supone hallar por fin un elemento más consistente que el utilizado hasta ahora: la teoría de la que parte- Es decir, hasta hoy el único recurso on el que cuentan los psicoanalistas procede de las teorías existentes. Un analista freudiano verá permanentemente los símbolos sexuales, un junguiano, la expresión de un instinto religioso, y un adleriano la de una voluntad de poder.

Contemplar un sueño a la luz de lo que ocurre en el cielo de la persona en el momento de su aparición (es decir, en función de las progresiones y los tránsitos activos) y comprobar cómo el simbolismo astrológico se manifiesta en las imágenes oníricas implica inicialmente, poder hablar a la persona del Tema Natal utilizando imágenes suyas por tanto vivas, o sea utilizar un lenguaje vivencial.

A la vez poder unir todo ello con lo que está viviendo en su exterior supone poder integrar estas tres dimensines en una cuarta, la del SENTIDO, significa poder religar lo inconexo y esprcido de nuestra existencia (un sueño que no entiendo, una enfermedad que creo padecer simplemento porque me he contagiado, un conflicto con mi pareja que atribuya a su invomprensión o egoísmo) en una unidad simbólica que me permita oír los ecos de una MISMA VOZ detrás de todos estos asuntos aparentemente desligados, voz que desde la esfera de lo ETERNO intenta, a través de los sueños adentro, a través de mi soñar el afuera, establecer un diálogo conmigo.

A continuación expongo un caso qeu especifica la tarea que propongo. Se trata de una chica de 24 años, que llamaremos Ana. No voy a comentar su tema natal por completo, solamente los elementos pertinentes que entraban en juego con el momento en que n tránsit o e Júpiter le acivaba por tres veces un mismo aspecto. El primer pase directo o lo trato porque en aquel tiempo no aasistía a la consulta.

El tránsito en cuestión era un retorno de Júpiter a su posición natal que activaba en su rádix a Júpiter en Acuario en la II en cuadratura a Neptuno en Escorpio en la X. Este en su caso es un aspecto especialmente tenso, ya que Neptuno es el único planeta en agua en un Tema Natal con un fuerte énfasis en aire (6 planetas entre ellos Sol y Luna). En estas condiciones es fácil sospechar que Neptuno sea un dios cuyas exigencias no hallen fácil eco en la vida del nativo. Una voz que no se quiere escuchar, una necesidad olvidada en el desván de la personalidad. El mismo día del pase retrógrado de Júpiter por su Júpiter natal tiene el siguinte sueño:

"En el patio de la casa de mis abuelos se celebra una fiesta tropical. Me persigue una muer senual, alegre que me quiere matar. Huyo de ella, corro, me cojo de la mano de una pareja y me escondo en una habitación. Ella quiere entrar y al introducir ss dedos por la puerta para abrirla, se los rompo. En otra habitación hay unas mujeres bailando eróticamente una danza árabe, la mujer me mira fijamente, sinto pánico si no la mato yo creo que ella me matará a mi. Aparecen unos cuchillos en mis manos y los empiezo a clavar en el vientre de las bailarinas. De repente me doy cuenta que la mujer no me quiere matar, ni yo he matado a nadie. Todo a sido fruto de mi miedo. Ella me ofrece unas pinzas para cejas y no un cuchillo como yo creía."

Poco tiempo después y coincidiendo "sincrónicamente" con el tercer pase de Júpiter por el mismo lugar tiene el siguiente sueño:

"Estoy citada con mi madre. La espero en una casa vacía, de noche. Siento sus pasos que se acercan, me llama, empiezo a sentir frío y observo su sombra en el espejo. Huyo corriendo hacia mi casa y al entrar veo a mis hermanos callados. Siento incomunicación. Mi madre sube una escalera alejándose de mí; le grito:
¡Te odio!, luego escribo en un fajo de billetes que tenía enrollado en mi mano: ¡te odio porque siempre me has mirado con pena!"

Estos dos sueños expresan con toda claridad el conflicto en el que se encontraba y a la vez iluminan aspectos esenciales de la relación con su madre y con su propia feminidad. Por un lado, la imagen onírica ""madre que siente pena"" encaja perfectamente con el símbolo Neptuno en la casa X. Recordemos la vinculación que guarda dicha casa con la imagen materna y neptuno con la pena. En su vigilia su madre es una persona muy religiosa (Neptuno) que renunció tempranamente a su sexualidad (Neptuno en Escorpio). Dicha sexualidad negada se transformó en un excesivo control manipulador en forma de sufrimiento y preocupación respecto a la hija en el que constantemente relucían comentarios de desagrado y rechazo a la feminidad de Ana. Los planetas en la casa X parecen reflejar no tanto las caracteríasticas personales de la madre (aunque en este caso coinciden), sino más bien la ""herencia"" inconsciente que el nativo recibe de su madre.

El planeta actúa como un deus absconditus, como un dios que desde las profundidades del inconsciente de la madre pasa al de la hija, tamizando por completo tanto la imagen que de la madre se forma la hija como los fundamentos inconscientes de la relación madre-hijo es escencial como determinante del posterior destino del nativo, aspecto bastante bien conocido por los psicoanalistas, resulta comprensible la importancia dada por la astrología tradicional a los planetas en la X.

El otro sueñoresalta la paradójica naturaleza de los símbolos, pues hallamos de nuevo a Neptuno en Escorpio encarnando ahora en la mujer sensual y las bailarinas con sus danzas eróticas. En ambos sueños es la propia Ana que encarna al otro integrante del aspecto, ya que Júpiter por un lado le rige el Ascendente (Sagitario) y por otro está ubicado en Acuario signo en el que tiene además al Sol y tres planetas más. Sabemos que el Ascendente y su regente son factores que fácilmente se prestan a que nos identifiquemos con ellos. O bien a que, en términos míticos, rindamos culto al Dios que lo representa. En su caso ello era muy evidente no sólo por su configuración corporal, sino también en la expresión de sus actitdes básicas ante la vida, tamizadas fuertemente de sabores jupiterianos: benevolencia, intereses filosóficos amplios, etc. Tal identificación que da asimismo corroborada en la imagen del dinero enrollado en su mano (Júpiter en casa II).

Ambos sueños revelan en lúcidas imágenes los problemas de su cuadratura Júpiter Neptuno. Si los planetas son dioses y los aspectos expresan la calidad de la relación o diálogo que existe entre ellos, estos sueños expresn claramente a qué dios ella escuchaba o daba cabida en su vida consciete y a cuál temía.

Este rechazo de la mujer sensual (Neptuno en Escorpio) se traducía en su vida múltiples y variadas formas, imposible de comentarlas en su totalidad. Sólo voy a relatar una para ilustrar la unión entre el arriba-abajo , adentro-afuera antes propuesta.

En el momento de iniciarse el tránsito y, por tanto, de despertarse el conflicto. Ana que estaba desde hacía cuatro años en una relación de pareja y que, como suele suceder, había llegado a un estancamiento, conoce a un chico (Juan) con él inicia una relación sexual. Desde un primer mmento vive de una forma clandestina y problemática, pues puso todo su esfuerzo consciente en huir de su propio deseo. Cabe imaginar que el chico era un ""enviado símbolico"" de la mujer sensual. Es decir para ella, el chico encarnaba al deseo envuelto por el tabú (Escorpio) que a la vez fascina provoca temor, confusión y culta (Neptuno).

En el momento del segundo sueño y último pase del tránsito, ella ya había roto con su anterior pareja. Estaba iniciando su convivencia con Juan cuando surge, junto con el sueño, un problema en el nivel económico de su relación. Ella le oculta, una vez habían ecidido unir economías, una entrega de dinero a su anterior pareja motivada por un inconsciente sentimiento de culpta, a la vez que por un rechazo también inconsciente hacia su nueva pareja como portadora simbólica de la imagen materna.

El trabajo realizado con sus sueños junto on el simbolismo astrológico activo en aquel tranca le posibilitó no sólo un contacto vivencia e íntimo con su tema natal, sino a la vez una comprensión del sentido oculto tras los problemas que tenía. Como ocurre siempre que uno vislumbra un destello de sentido, o escucha un susurro de esas voces divinas que buscan reconocimiento y obediencia, uno comprende la necesidad de iniciar un camino, de lograr una apertura para que latransformación de las actitudes y de la propia vida puedan tener lugar. Con ello viene la renovación y la ampliación de uno mismo y sus horizontes vitales.

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