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El rol del astrólogo

Armando Rey ® 1999


En un punto, la práctica del astrólogo, del terapeuta-psicólogo y la del sacerdote se unen, o deberían unirse. Jung diría que todos estas profesiones brotan de un mismo núcleo arquetípico: el curador. Asi, el astrólogo reconciliando al sujeto con su destino o con el cosmos, el terapeuta reconciliandolo consigo mismo y el sacerdote con Dios, son varias maneras de aludir a un único y mismo proceso, aunque cada uno utilice técnicas ditintas y lenguajes diversos.

Pues bien por aquello de que no hay nada tan viejo como la verdad ni nada tan nuevo como la verdad, lo queramos o no, nuestro intrumento y nuestras técnicas como el que usa el psicólogo y el sacerdote, etc ha de ayudarnos en esta esencial tarea.

El sacerdote asume funciones de intermediario entre Dios y el ser humano, el astrólogo media entre el infinito cosmos y el peculiar ser humano enfrentado a su destino único.

Hacer ver cuales de los deseos, actitudes o preocupaciones son útiles y cuales dañinas, es uno de los principales objetivos del esfuerzo terapéutico. Y el esfuerzo terapéutico no es mas que un esfuerzo asistido por una técnicas y en un marco profesional, lo que le confiere especifidad pero mas alla de esta, el mismo esfuerzo es el que hacemos todos o deberiamos hacer, mas alla del sector profesional, siempre y cuando la profesion tenga que ver con prestar un servicio al ser humano.

A mi me viene una persona con Saturno en su casa VII que veo, por lo que me cuenta, que tiene actitudes autodestructivas porque no acepta el hecho de que no le sale pareja, esto es, no acepta su soledad, y mi intento, y ahi no discrimino si astrologico o terapeutico y me importa un comino tal distincion, es hacerle reconciliar con su destino. Como? haciendole ver que la pareja no es el unico camino en la vida, que tampoco lo es el que se tenga que emparejar, joven, puede ser que su sino sea encontarla en edad madura (Saturno), etc. etc.

La verdad de uno mismo, y la verdad que subyace al tipo de circunstancias que me toca asumir te aseguro que no es facil alcanzarla. Tampoco sirve para nada que me den un listado de fechas. Aunque el cliente crea que es esto lo que necesita. El cliente se de cuenta o no, cuando se acerca al astrólogo quiere acercarse a si mismo. Quiere entrar en contacto con el simbolo de su individualidad y de peculiar camino o destino que es su expresion. Entrar en contacto con la verdad de si mismo cuya simbolo es su Carta Astral. El astrólogo deberia ser mediador de este encuentro, un mediador que mas que atiborrarle con fechas o inutiles consejos, focalizara el uso de sus técnicas y de su energia para esta importante tarea. Ahi esta el arte, ahi esta el corazon. Devolver al cliente no lo que pide literalmente : cuando me voy a casar, morir, etc. sino hacerle ver que una preocupacion acerca del futuro esconde otra mas importante que esta ya en su presente. Y que acceder a ella implica exponerse a descubrir una verdad de si mismo. Ahi esta el reto, colega.

Como dice Don Juan:

"La esencia de una explicación no aclara el mundo ni sus misterios, los hace menos pavorosos. "

En cambio siempre buscamos explicaciones convenientes que se ajustan a nuestro mundo y a uno mismo.

Consciente de que todo lo que hacemos, sentimos, percibimos y razonamos es el resultado de una particular cosmovisión o visión del mundo que sostenemos y que la Astrología como todo lo demás también depende de ella. Consciente pues que el problema no radica en la Astrología sino el la cosmovisión del que a ella se acerca, paso a exponer la mia, a hacer un resumen de lo que para mi son los cimientos ultimos o primarios de mi vivencia de la Astrología.

La vision simbolica o la mirada simbolica es una capacidad potencial que no se despierta leyendo sino despojándose de los propios prejuicios colectivos y purgando los complejos personales. Implica pues una paso adelante en la evolución del ser humano, anclado comunmente en el uso acritico de la razon y/o el intelecto. Somos repetidores de sloganes y/o diccionarios ambulantes. Asi pues no se trata de poner la astrología simbolica como una opcion mas al lado de la cientifica o racional sino que implica un paso mas alla que ha de dar el sujeto que la utiliza.

Se parece a un despertar, la mirada literal se retira para dejar paso a la mirada simbolica, aquella que transforma la vida entera y la percepcion de Universo. La realidad oficial y literal, la única contemplada por los fisicos, los intelectuales, muchos astrólogos y en general casi toda nuestra civilizacion se revela como una mera descripcion del mundo, un sueño por cierto bastante pobre y limitado.

La vision simbolica destaca una descripcion alternativa, un sueño de horizontes mucho más vastos, en el que mi vida y el Universo entero se puebla de presencias, mensajes y retos. Es el equivalente de pasar de la mentalidad pueblerina aunque sea un pueblo de millones de habitantes a la mentalidad cosmopolita, (polita: habitante del cosmos).

Tampoco se trata, insisto, en situar lado a lado, la polaridad libertad-determinismo. La libertad es una conquista el determinismo es el punto de partida (y por desgracia, para muchos, de llegada también). Libertad lograda cuando me siento libre para aceptar plenamente mi destino. Conviene pues aclarar que no es para nada lo mismo, aunque aparentemente se pueda parecerse, destino y fatalidad. Destino es a consciencia lo que fatalidad y determinismo es a inconsciencia.

Libre o determinado?. Libremente determinado a romper los límites de la socialización impuesta para convertirme en un ser impredecible, fluido que no se preocupa de su autoimagen, que no usa la astrología para definir, o clasificar al personal, ni mucho menos pretender ayudarle a que haga las cosas que yo creo que debe de hacer.

Libremente determinado a acabar con la propia arrogancia y la propia carga determinista-heredada-aprendida que apaga mi luminosidad y me condena y me convence a vivir una vida mecanicamente determinada.

Libremente determinado a incorporar en carne propia la verdad de que lo más importante para un ser humano es llegar a la totalidad de uno mismo. Y esa totalidad es mucho mas misteriosa y vasta de que creemos porque asi nos lo dijeron. Afirma Carlos Castaneda que

 

"nuestras opciones en la vida son limitadas debido al hecho de que son definidas por el orden social. "

Los videntes creen que el orden social establece la lista, pero que nosotros hacemos el resto: al aceptar solamente estas opciones, ponemos limite a nuestras casi ilimitadas posibilidades.

Asegura el autor que Occidente ha creado en nosotros una mente taxonómica, una compulsión a etiquetar y describir todo lo que percibimos y vivimos. Nada hay de malo en ello siempre y cuando dichas descripciones se tomen como lo que son un medio para.... No ocurre así, nuestra pasión llega a cegarnos hasta el punto de que invertimos la relación de medio pasa a ser un fin en si misma. Ese es el terrible peligro que las descripciones crean. Fácilmente se convierten en prisiones sintácticas que nos encierran. Cualquier descripción de la realidad tiene como virtud crear la ilusión que la realidad queda contenida en la descripción.

Podemos vivir la vida entera llenos de descripciones e ideas sobre uno mismo y ser muy inconscientes, esto es, no darnos cuenta de casi nada. Podemos crear un sistema cognitivo-semántico aparentemente iluminador por las términos empleados. Pero el tipo de iluminaciones y comprensiones que producen nos abandonan cuando damos media vuelta para enfrentar la vida.

No me gusta definirme porque intuyo que es mucho más importante y fascinante enfocarme en lo que desconozco de mí.

No me interesa la imagen que tengo de mi mismo o la que puedan tener los demás pues toda descripción encasilla, limita, constriñe, da una falsa sensación de conocer.

Lo que creo de mí, lo que pienso siempre es falso por parcial porque lo que mi definición excluye también soy. Estamos encadenados a nuestro propio reflejo. Me siento encarcelado y esclavizado por la definiciones psicológicas, astrológicas, sociológicas o antropológicas. La individualidad no es nada que uno pueda apresar en descripciones, fantasías o ideas sino que es un estado de consciencia.

La Astrología nos ha de ayudar a ser más conscientes o a acercarnos a ese estado de consciencia. Hecho mucho a faltar en los espacios astrológicos y científicos el espíritu socrático "sólo sé que no sé, y con ello ya sé más que el que ni sabe que no sabe". En esta afirmación no hay ignorancia sino una elección consciente de alienarse al lado del misterio, de intuir como afirma D. Juan que solo ante lo desconocido el hombre se crece y descubre lo mejor de si mismo.

En la Astrología el hecho remite al símbolo y el símbolo debería remitir al misterio. Jung dijo, en su día, que "un símbolo es la mejor representación de algo que nunca puede ser totalmente conocido" y así, a lo largo de mi vinculación con ellos, siempre me ha inquietado mucho más el aspecto desconocido de cada símbolo que las descripciones con las que se pretende agotarlos.

 

Ese mismo espíritu intento reproducir en mi consulta frente al cliente. No atiborrarle con descripciones y fútiles consejos sino ayudarle a que se alinee con el misterio de si mismo y de su existencia. No arroparle con nuevos disfraces sino desnudarle y que sienta la intemperie frente al infinito que le rodea. Así se le abren los oídos a escuchar voces que en nuestra aturdida cotidianeidad no atinamos a prestarles atención.

Que aprenda a amar la sensación de sentirse un misterio a si mismo y a todo lo que le rodea, que descubra su anhelo a ser imprevisible. Qué viva la inquietante sensación de no saber cómo uno es y cómo es su pareja, ni sus hijos o padres o amigos o enemigos. Que se dé cuenta de que no los conoce ni tiene porque darlos por conocidos.

Que descubra el peso que arrastra y lastra sus posibilidades; el de un orden social que le ha criado y estructurado como ser humano y que ha presionado fuertemente para que incorpore como propias ciertas presunciones o presupuestos acerca de su naturaleza, la del universo y la de su papel en éste que traiciona su herencia mágica.

El Ego utiliza la mente taxonómica para alimentar constantemente la idea o las ideas acerca de si mismo que conserva como su imagen de si "Yo soy así o asá y por tanto me conviene tal cosa y no la otra " Creo que me conozco cuando atesoro muchas descripciones acerca de mi mismo. Cuanto más sofisticadas más creo que me conozco. Creo que sé lo que me conviene porque creo que me conozco.

Y si no, voy al astrólogo a que me provea de más descripciones de mi ego y/o que me diga lo que me conviene. Los Geminis son así, La cuadratura tal le confiere el rasgo cual. El tránsito tal le hará ser agresivo, pasivo, por tanto te conviene salir de casa o quedarte etc. Me aburre el astrólogo que se empeña en creer que me conoce en base a mi Tema Natal. Qué pesados se ponen y qué soberbia creer que el meollo de un destino o de una individualidad es apresable en palabras.

No conocemos al ser humano. No conocemos de qué es capaz, cuales son sus límites, cuál es el alcance de su magia y misterio. No tenemos ni idea, más allá de las limitadas descripciones de la ciencia y de las desbordadas fantasías de los esotéricos, de esa inmensa vastedad que nos mece. Los astrólogos por la naturaleza de la herramienta que utilizamos y, sobretodo, por el objeto de nuestro trabajo (otro ser humano) no deberíamos caer en la trampa del orden social, o si caimos deberíamos hacer todos los esfuerzos en salirnos de ella.

Cuando nos proponemos ayudar a una persona. ¿A quién debemos dirigirnos? ¿al ser humano condicionado cultural, social y psicológicamente al que llamaremos el Ego, o al ser humano total aquel que es portador de una herencia y unos potenciales que cada día intuyo más increíbles y de los cuales nadie o casi nadie nos dijo nunca nada?

Tengo una idea clara de los excesos, usos y abusos que hace el astrólogo que cayó en la trampa y desde ella atiende a su cliente. Un ego escuchando a otro ego que siempre está preocupado por si mismo por si le aceptan y le quieren o perdido en su autoimportancia ¿triunfaré o no? ¿ me conviene tal asunto o persona, o no ?

Ese Ego frente al que el astrólogo actúa muchas veces como agorero, consejero, iluminado y gurú. "Tienes tal tránsito por tanto deberías de hacer esto, o evitar lo otro, te conviene lo de más allá, etc. Todos los que nos dedicamos a „aconsejarx al otro deberíamos antes purgar una tremenda e inconsciente necesidad de poder que es nuestro cuño mas habitual.

Qué bien poder serlo todo, no tener una idea de mi mismo que defender, no tener que cargar con ninguna creencia acerca de mi mismo o de la realidad. Solo buscar fluidez, solo anhelar lo indefinible, esto que florece momento a momento: ese encuentro único, esa relación irrepetible, esta experiencia inédita. Comprender que no hay dias fastos (transito de Jupiter, etc.) ni nefastos (transito de Saturno, etc.), lo que hay son dias unicos, y asi deberian de ser vividos.

La vida es el proceso mediante el cual la muerte nos reta afirma D. Juan. Solo la consciencia de que mañana podemos estar muertos templa el espíritu y alerta el alma: no hay tiempo que perder en elucubraciones y conjeturas, sólo cuenta el acto consciente que nace de la decisión consciente, por definición siempre arriesgada.

No hay poder en el universo ni astrólogo en la tierra que nos pueda asegurar que mañana aún estaremos en este maravilloso planeta. Esta incuestionable certeza habría de ser el revulsivo para acabar con toda ilusión de un futuro controlable y abrir las compuertas de una pasión que me lleve a apurar el instante y a despreocuparme del futuro ( o a despreocuparme de mí que es lo mismo), a desterrar la fútil pretensión de creer que puedo controlarlo mejor (sobretodo si el astrólogo me previene de él cuando me lee los tránsitos y progresiones).

La Astrología es un estupendo regalo que el Espíritu nos dió. Es un arma, para ayudarnos en la única batalla que vale la pena: la que nos plantea nuestra autoimportancia y nuestra autocompasión, todo ello creado por el orden social que nos cobija. Nos enseñaron a sentirnos importantes a autocompadecernos y a ser demasiado indulgentes con nosotros mismos. Y ahí radica el meollo de todos nuestros errores.

La Astrología, de entrada, habría de utilizarse para acabar con todo atisbo de falsas seguridades que provocan los falsos saberes y las ilusiones de control y de conocimiento. Sólo después de esta tarea socrática brotará en nosotros lo necesario para aprovechar su magia: permitirnos jugar el gran juego que el Espíritu nos propone.

Un juego cuyas reglas son: no me conozco por tanto puedo abrirme a lo imprevisible, no sé lo que me conviene ni cual es el próximo paso que he de dar en este planeta por tanto he de estar alerta a las señales y augurios. No sé que experiencias necesito, ni necesito saber cual es mi meta en la vida, no creo en los sistemas de creencias. No sé pero intuyo-siento un tensión especial: la que me une con el Cielo. No conozco su naturaleza pero constato la presencia en mi vida y en la de los que me rodean de un fuerza totopoderosa: el Espíritu.

La Astrología nos puede ayudar en la tarea magna de volvernos conscientes de nuestro destino universal como seres luminosos sonyadores y, como ser individual que cada uno es, del sueño potencial de nuestra vida llamado destino. La Astrología deviene una herramienta útil para lograr un objetivo esencial: limpiar y reavivar nuestro vínculo de conexión con el Espíritu.

La Astrología tiene que ver con fuerzas abstractas, los arquetipos. Los símbolos son medios que ayudan a nuestra atención a cambiar de nivel: desde lo concreto de nuestras absurdas preocupaciones cotidianas a este reino de fuerzas impersonales y poderes que desde la eternidad dan forma y substancia a nuestro camino vital.

Los tránsitos, progresiones, etc. son los momentos fuertes, el tempo de la revelación de señales (sincronicidades, encuentros, desencuentros, crisis, problemas, alegrías, penas y glorias, etc) que nos guían, que nos conducen a descubrir nuestro ser y nuestro destino. El astrólogo debería ayudarnos a incrementar nuestra alerta, afinar la escucha para así captar las señales del Espíritu. Tratar de que el cliente perciba por si mismo la "oportunidad mínima" que le brindan los transitos: el estar consciente de su propia conexión con el Espíritu y limpiar dicha conexión de los efectos nocivos de las preocupaciones de la vida cotidiana. El símbolo astrológico ha de ser un inductor de descubrimientos. Su interpretación ligada, no a un conjunto de descripciones y aseveraciones más o menos pomposas, sino a la tarea de atender al reclamo del Espíritu para descubrir que quiere de nosotros.

Lo que yo soy no tiene nada que ver con la idea de mi mismo que tengo o que me dan los demás (amigos, padres, expertos, etc.), lo que yo soy es un proceso de percibir, descubrir y actuar de acuerdo a lo que tengo que hacer. El Espíritu nos reclama, sí, pero no al modo del orden social, ni de las presiones que éste ejerce sobre cada uno. Es una reclamo-reto que nos conduce a la plenitud y a la libertad.

Según la tradición platónico-gnóstico-junguiana, los arquetipos aluden a entes, poderes o energías que de algún modo afectan a los humanos. Los sistemas de arquetipos (o de símbolos) son los utensilios que se nos han dado con el fin de esclarecer y diferenciar estas fuerzas y sus peculiaridades para poder encararlas, asumirlas, vivirlas y reaccionar ante ellas adoptando las actitudes apropiadas y tomando las decisiones correctas.

Los arquetipos o símbolos, sean considerados algo externo a nosotros: dioses, influencias planetarias, kármicas, etc., o dimensiones interiores: partes de uno mismo, personalidades, complejos, etc., siempre tienen como denominador común la vivencia de lo numinoso (como Jung afirmo), esto es, su percepción siempre va acompañada de vivencias intensas que para bien o para mal situan al humano frente a aquello que le puede, aquello que le mueve y aquello que le exige una respuesta.

En otras palabras, arquetipo en un concepto que intenta referirse al misterio de la presencia de las fuerzas que nos pueden. Los sistemas simbólicos constituyen un lenguaje que nos auxilia en la tarea de devenir conscientes de dichas fuerzas y en la tarea de comunicarnos entre nosotros y con ellas.

Y yo me pregunto, ¿cómo pueden trascenderse estas fuerzas?. Siempre que oigo esto de trascender los arquetipos, las cuadraturas, el Tema Natal, etc. me asalta la misma perplejidad y las misma reaccion: si lo único que se debe trascender es la propia estupidez. La tuya y la mia y la de todos. Esa estupidez, ese basural que a lo largo de nuestro paso por la Tierra hemos ido acumulando en nuestro ser. Un basural fruto de una socialización desequilibrada, de una herencia espiritual, cultural y psicologicamente equívoca, parcial, etc. Todos hemos mamado, hemos padecido una educación plagada de errores, que ha construido en nosotros un ser.. un "mono arrogante de muy lenta comprensión" como dicen por ahí. Ese es el único a trascender, ese ser que cree que ha de trascender algo mas allá de él mismo.

Los arquetipos, o mejor dicho, estas fuerzas numinosas a las que aluden los sistemas simbólicos estan ahí, son eternas, poderosas. No están para ser trascendidas, sino para ser integradas, hacerse uno con ellas y asi devenir integro. No están para ser controladas sino que uno ha de acomodarse a su cauce y asi volverse un ser fluido. No están para ser esquivadas sino que uno ha de despertar de la modorra e intentar percibir sus señales (sincronicidades) y asi desarrollar la conciencia de ser. No están para ser ignoradas sino que uno ha de captar y acatar sus designios y asi cumplir con la vocación (ad vocatio = sentir la llamada; estas fuerzas que nos llaman a... y que casi siempre ignoramos).

En fin, en mi caso, el unico empeño que considero util y tremendamente necesario es el de limpiar el propio basural para, trascendiéndose a uno mismo (a los equívocos, los autoengaños, la autoimportancia personal, los limites socio-culturales impuestos, etc.) conquistar la libertad de percibir, de escuchar y de fluir con los arquetipos y su eterno misterio, de ir a la par con los planetas, esos compañeros inseparables en ese viaje sin retorno que es nuestra existencia.

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