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Los símbolos

por Armando Rey ® 1995

Los símbolos desvelan nuestro vínculo de conexión con el Infinito, este lazo invisible que une el ser con las experiencias que le ocurren, con su destino.

Esta afirmación contundente y simple tiene implicaciones extraordinarias, algunas de ellas presentes en estas páginas cibernéticas, otras sólo se encontrarán en el Cielo Interior de cada uno, es decir en el meollo del ser que se enfrenta a la tarea de vivir la vida y sacar el máximo provecho de ella.

El símbolo es una herramienta que permite descubrir como cualquier circunstancia, experiencia o suceso está inmerso en un ámbito mucho más amplio, profundo y  elevado que el que mi percepción  me permite. Dicho ámbito, invisible desde la perspectiva ordinaria es mucho más poderoso e importante de que usualmente creemos,  hasta tal punto que cuando perdemos la conexión con él, de nada nos sirve nada.


No importa quiénes seamos, dónde estemos, qué nos ocurra y cuáles sean nuestras expectativas, si nuestro vínculo con lo Infinito está ausente u olvidado, el vacío existencial se apodera de nosotros. Un vacío que se intenta llenar con muchas cosas: trabajo, diversión, viajes, divorcios, quimeras y un sinfín de fuegos fatuos, que a la larga o a la corta siempre nos conducen a la crisis o no nos permiten salir de ella.

Efectivamente cuando nos ocurren cosas, o tenemos problemas, o estamos indecisos, o inquietos, es cuando más necesitamos un punto de referencia que nos permita afrontar la situación del mejor modo posible. En definitiva se trata de que en tales momentos nos planteemos la cuestión esencial:
¿qué decisión debo tomar en tal o cual cirscunstancia? Evidentemente siempre buscamos el tomar la decisión que favorezca mi intereses y/o mi  felicidad, lo cual traslada el problema a ¿cómo saber qué es lo que me traerá felicidad, prosperidad, etc?
No hay otro modo de dar respuesta a estos interrogantes más que con la ayuda del antiquísimo Oráculo de Delfos: "Conócete a ti mismo....y conocerás el Universo"

Ahora bien...
Conocerse a sí mismo no es atesorar montañas de información y descripciones sobre uno mismo.
Conocerse a sí mismo no es confiar en la imagen del ser humano que sustenta una cultura, civilización y/o época que siempre son parciales, y cimentar la idea que tengo de lo que me conviene lo que necesito, etc. en base a tal descripción colectiva.
Conocerse a sí mismo no es creer que uno ya sabe de donde viene y adonde va, es decir, uno ya conoce la respuestas...
Conocerse a sí mismo empieza cuando uno se da cuenta de que no se conoce, de que no sabe de lo que es capaz, de que lo mejor es echar por la borda  todos los apriori acumulados a lo largo de la vida, darse a si mismo por desconocido y abrise  a que el verdadero conocimiento haga presencia.

Y este conocimiento es inagotable, es decir uno se pasa la vida descubriendo quien es uno. Y en el mejor de los casos uno descubre muchas veces que uno es el que ni se imaginaba que era. Ahí  empieza la diversión real y sobretodo  la batalla auténtica.

No hay conocimiento sin guerra, no se conoce quién no batalla contra sus propios prejuicios e ignorancia y sobretodo no se conoce quién no emprende la lucha sin cuartel en la que  las victorias ganadas dan trofeos de valor inigualable: uno descubre que el destino, el Infinito mismo es el que confiere significado no solo al acto de conocerse sino a la vida entera. Así conocerse y vivir una vida con significado van de la mano, así el conocimiento se extrae del pozo de la vida y sobretodo de las respuestas que a ella doy y de las decisiones que a ella me llevan....

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