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Simbolismo de las casas ®

Libro de Armando Rey

El libro presenta una introducción al la Astrología que permite comprender porqué funciona la Astrología, porqué hoy en día el mundo oficial la ignora y porqué puede ser un instrumento de cambio personal y social extraordinario.

Te ofrece un esquema simbólico que te permitirá comprender tu destino y el Universo de un modo absolutamente diferente del que nos enseñaron en la escuela.

Descubrirás cómo eres un ser único, un acontecimiento formidable cuyo camino en la vida es también único y formidable. Sólo hace falta reconocerlo y entender cómo operan las leyes del destino. Este libro te ofrece excelentes argumentos e información para facilitarte la tarea.

Es un libro apasionado, que no se limita a ser un manual de recetas sino que obliga a pensar y a descubrir verdades insospechadas.

Lo presentamos en formato Adobe PDF, para que puedas bajarlo a tu computadora y leerlo o imprimirlo.

 

Indice

PREFACIO

a) La Astrología en nuestra sociedad está cumpliendo el papel de Cenicienta

PRIMERA PARTE

Cap. Uno: INTRODUCCIÓN GENERAL
a) La Astrología es un espejo simbólico de la vida
b) Toda cultura es siempre un experimento
c) Es necesario un desplazamiento de perspectivas en Astrología

Cap. Dos: LA ASTROLOGÍA ¿CIENCIA O ARTE?

Cap. Tres: EL SÍMBOLO ASTROLÓGICO
3.1 La caída, la rotura
3.2 La visión esotérica
3.3 Lo simbólico
3.4 La unidad
3.5 La imaginación
3.6 El mito
3.7 El misterio

Cap. Cuatro: LOS SÍMBOLOS FUNDAMENTALES: EL CIRCULO, LA CRUZ Y LOS CUATRO ÁNGULOS
4.1 El círculo
4.2 La cruz
4.3 El Horizonte
4.4 El Meridiano
4.5 Los cuatro ángulos
4.6 El Fondo del Cielo
4.7 El Ascendente
4.8 El Medio Cielo
4.9 El Descendente
4.10 El Tema Natal: Mándala de la Individualidad

SEGUNDA PARTE

Cap. Cinco: LAS CASAS ASTROLÓGICAS
5.1 Introducción
5.2 Las asignaciones tradicionales
5.3 Los hemisferios
5.4 Los cuadrantes
5.5 Los ejes
5.6 La relación transitiva
5.7 La agrupación cuadrangular
5.8 La agrupación triangular

Cap. Seis: LAS CASAS UNA A UNA
— El Ascendente
— casa II
— casa III
— casa IV
— casa V
— casa VI
— casa VII
— casa VIII
— casa IX
— casa X
— casa XI

— casa XII
Apéndice: EL DETERMINISMO ASTROLÓGICO:
DESTINO VS. LIBERTAD. LA POSIBILIDAD ÉTICA

 

Extractos de varios capítulos

La Astrología en nuestra sociedad está cumpliendo el papel de Cenicienta. Si imaginamos a nuestra cultura como una gran familia, nuestra disciplina está condenada por sus envidiosas hermanas a ocupar un papel secundario, infravalorado. Los amantes de Cenicienta padecemos y nos rebelamos al contemplar cómo la ignorancia y, en algunos casos, la envidia, intentan eliminar el valor más preciado...

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La Astrología es un sistema simbólico muy poderoso. Tiene que ver con los misterios fundamentales que constituyen al ser humano y, quizás, a la Creación entera: la consciencia.

Ser conscientes, entre otras cosas, significa darnos cuenta de la sustancia fílmica, imaginativa y onírica que es nuestra vida. De la película que permanentemente estamos contemplando, creando y/o actuando. Este acto es liberador, acaba inmediatamente con los apegos y las ilusiones que la situación creaba. Cada vez que nos ocurre se siente como si todo fuera un extraño y estremecedor sueño...

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Aunque por su esencia simbólica, la Astrología, no pueda ofrecer respuestas científicas, sí que puede y debe actuar como un instrumento crítico frente a cualquier concepción de la realidad que pierda de vista ese misterio, quizá para siempre inexplicable, de la magia que nos rodea. Este libro aborda estas cuestiones, no para resolverlas, sino para testimoniar una experiencia, la mía y la de otra gente, a los que nos mueve una misma inquietud y una misma desconfianza. Inquietud de vivir la vida en pos de unas incógnitas que no prometen revelar su faz, pero sí, quizá, dar mayor sabor y colorido a una existencia que, de otro modo, resultaría monótonamente aburrida. Desconfianza respecto a una cultura y una época que, como toda cultura y época, pretende convencernos de su eterna y universal validez, con tanto más énfasis cuanta mayor es la inseguridad y la duda que internamente padece...

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La Astrología es un espejo simbólico de la vida. La vida es contradictoria, inconmensurable, demasiado grande para ser contenida en cualquier teoría, por muy sofisticada que sea. El Tema Natal es un mapa del destino, ese camino que, mal que nos pese, hemos de recorrer en solitario y que, o bien creemos manejable y explicable por una serie de causas (psicológicas, sociológicas, kármicas, etc.), o bien, lo sentimos como la explicitación paulatina de unas fuerzas que operan en nuestra vida. Fuerzas que no controlamos, y que nos comprometen, lo queramos o no, lo sepamos o no, con eso que muchos han llamado el Misterio, otros lo Sagrado y otros lo Eterno...

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El tiempo lineal condena a una vida fragmentada entre un presente siempre efímero, un pasado inapelable y un futuro siempre incierto. El tiempo así concebido impide toda idea de ciclo. La Astrología no se puede pensar sin ella. Añade Brown (3): La gran era del mundo comienza nuevamente, los años dorados retornan. Las cosas dan una vuelta completa; un giro es un retorno y un nuevo comienzo..." En el tiempo cíclico es posible concebir un pasado recuperable, un futuro que nos alimenta y una eternidad alcanzable. Permite ver la vida como un proceso y no como algo fijo. Eso da paciencia y ecuanimidad cara a asumir lo imprevisible de la vida y de nuestra naturaleza, pues lo imprevisible deja de ser lo amenazador para devenir lo que hemos de reconocer...

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Creo que hemos de buscar en la Astrología no una moral, una religión o una ciencia, sino recuperar una sensibilidad que ponga en tela de juicio la moderna arrogancia con que nuestra cultura ha construido un Universo mecánico y brutal, se ha separado y ha destruido la Naturaleza en nombre del progreso, la moral y la religión. Una sensibilidad que recupere el inmenso mundo de imágenes, sueños, mitos y fantasías que nos habitan. Una sensibilidad que reintegre en nuestra conciencia aquellos ritmos que expresan el despertar de procesos subterráneos, voces que desde las órbitas inmutables de los astros provocan el estremecimiento de inexplicables ecos interiores...

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La Astrología es un sistema simbólico. Los símbolos son la expresión en imágenes de seres, fuerzas, o poderes, cuyo denominador común es que escapan al ámbito de lo humano. Los símbolos actúan como una especie de puente que posibilita la comunicación. A través de ellos podemos acceder a un diálogo con la divinidad. Por ellos, los dioses revelan sus intenciones. Intenciones que la mayoría de las veces chocan con las nuestras o con nuestros esquemas racionales, morales y culturales...

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Como ya ha demostrado el psicoanálisis, la antropología, la historia de las religiones, etc., es la vigencia de los símbolos de una cultura que condiciona su destino y la capacidad vital de sus integrantes. Hoy, con la pérdida de los símbolos que nutrían nuestra civilización se impone la tarea de hallar los que han de sustituirles. La Astrología puede cumplir un papel esencial en esta búsqueda, por algunas razones que este libro intentará esclarecer, pero, ante todo, porque además de ser capaz de cumplir el papel de toda mitología, salvaguarda unos valores difícilmente renunciables para nuestra mentalidad moderna: los valores individuales. El Tema Natal, expresión par excellence del individuo, permite un religamiento con lo sagrado pero desde una perspectiva estrictamente personal. Como dictamina el Oráculo de Gracián: "Todo está ya en su punto, y el ser persona, en el mayor"...

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Jung afirma que el futuro de la psicología como arte curativo depende de su capacidad de reconstruir la conexión perdida entre el hombre y el cosmos. La Astrología es una de las herramientas más apropiadas para ello aunque no la única. Por tanto, gran parte del futuro astrológico está, en mi opinión, más comprometido en desarrollar esta capacidad que en hallar y probar científica o estadísticamente las influencias, rayos, o vibraciones que proceden de los planetas...

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"Las teorías, prácticas y tradiciones no científicas pueden convertirse en poderosos rivales de la ciencia y revelar las principales deficiencias de ésta si se les da la posibilidad de entablar una competencia leal. Darles esta oportunidad es tarea de las instituciones en una sociedad libre... (aquélla) en la que todas las tradiciones tienen iguales derechos e igual acceso a los centros de poder. Una tradición recibe tales derechos no por la importancia que tiene para los foráneos, sino porque da sentido a las vidas de quienes participan en ella."...

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La Astrología, al enmarcar las circunstancias que vive una persona en el marco celeste de sus símbolos, permite sacralizar su experiencia. Sacralizar la experiencia significa añadirle una dimensión sagrada e impersonal o, en otras palabras, permitir que dicha dimensión se manifieste. Nuestra historia no es nuestra, nuestros conflictos personales ni son nuestros ni son personales. Jung dice que detrás de un complejo personal siempre se esconde un arquetipo universal. Es necesario una desidentificación respecto a nuestros problemas pretendidamente personales. Sólo así podemos captar su esencia impersonal, arquetípica.

Nuestra vida, en este sentido, es un campo de batalla, un escenario donde se representan conflictos y dramas pertenecientes a la divinidad. Mi problema de pareja es el problema del encuentro entre el Hombre y la Mujer, que escritos con mayúscula invitan a reconocerlo como historias de la eternidad. Por eso los mitos son tan importantes en el estudio y la práctica de la Astrología. Permiten un cambio de nivel. Al igual que, mediante el rito, el tiempo profano deviene en instante atemporal, sagrado; mediante el mito, mi problema trasciende esa falsa consciencia de subjetividad y se convierte en la ocasión de establecer un diálogo con lo que me puede y me trasciende...

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El Tema Natal constituye, pues, un símbolo de integración. En él se hallan representadas las imágenes primordiales (el círculo, el cuadrado, la cruz, el centro) que conforman un arquetipo: el Mandala. El Mandala es símbolo revelador de un orden y un sentido símbolo que es el soporte y la meta de eso que Jung denominó "el proceso de individuación". Aquel camino en la vida por el que, en parte, por un proceso natural y, en parte, sólo gracias a un máximo esfuerzo (no de voluntad sino de honestidad), uno deviene plenamente uno mismo, un individuo único, original y a la vez universal...

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Esotéricamente cada casa astrológica es la imagen de una búsqueda, un reto y una necesidad. Búsqueda de la propia individualidad. El única tesoro que podemos hallar, la mayoría de las veces oculto, tras las diferentes circunstancias y avatares de nuestra existencia. Reto, el que nos plantea la vida en cada situación: ser responsables de ella y ante ella. El simbolismo de las casas nos ayuda para cumplir el sentido de las situaciones determinadas que vivimos. La propia vida no es nuestra como propiedad, no nos pertenece. Lo que sí depende de nosotros es la decisión de plantearnos la vida como algo que exige una respuesta. Ser responsables es ser capaces de dar respuestas...

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Las experiencias exteriores son reflejo de necesidades interiores. Partimos de la convicción esotérica de que sólo vivimos las experiencias necesarias para nuestro crecimiento. Sean del tipo que sean. Por tanto atraemos los acontecimientos como el imán a las limaduras. Cualquier situación que vivo, por ajena o íntima que la considere, será siempre la expresión de una necesidad que me habita, es decir, que la reconozco conscientemente como tal, o que me es ajena o inconsciente, y por tanto, se me impone con la fatalidad de lo vivido como extraño...

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Lo que refleja el Asc. es, ante todo, al hombre como ser activo. Según Spinoza, el hombre es lo que hace y se hace en su actividad. Es un proceso permanente, un devenir que se ahoga con las definiciones. Escribe Ortega y Gasset (*) : "El hombre no es una cosa, sino un drama, un acto... La vida es un gerundio, no un participio, es un faciendum, no un factum. El hombre no tiene naturaleza, tiene historia." O más exactamente aún, el hombre quiere vivir una historia, quiere dramatizarla, como afirma Bachelard, para hacer de ella un destino. La identidad es, pues, un plan siempre en vías de ejecución. No hay producto acabado, ni meta alguna a la que llegar. La identidad no se construye, sino que se defiende afirmándola en contra de los que la quieren eliminar...

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